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Cannes 79
Festival de Cannes 2026: Crítica de “Soudain” (“All of a Sudden”), película de Ryûsuke Hamaguchi con Virginie Efira y Tao Okamoto (Competencia Oficial)
El director de Happy Hour (2015), Asako I & II (2018), Drive My Car (2021), La rueda de la fortuna y la fantasía (2021) y El mal no existe (2023) estrenó entre Francia y Japón una historia sobre la amistad, el compromiso con la salud, el cuidado a los ancianos, el poder del arte y la forma de (intentar) lidiar con la muerte.
Soudain / All of a Sudden (Francia, Japón, Alemania, Bélgica/2026). Dirección: Ryûsuke Hamaguchi. Elenco: Virginie Efira, Tao Okamoto, Kyozo Nagatsuka, Kodai Kurosaki, Jean-Charles Clichet, Marie Bunel, Romain Cottard, Marie Denarnaud, Gabriel Dahmani, Héloïse Janjaud, Séphora Pondi, Heïdi Becker Babel, Lazare Gousseau, Rose Bourdon, Jérôme Chappatte, Geneviève Emanuelli y Évelyne Istria. Guion: Ryûsuke Hamaguchi y Léa Le Dimna, inspirado en el libro When Life Suddenly Takes a Turn: Twenty Letters Between a Philosopher with Terminal Cancer and a Medical Anthropologist, de Makiko Miyano y Maho Isono. Fotografía: Alan Guichaoua. Edición: Azusa Yamazaki. Música: Samuel Andreyev. Duración: 196 minutos. Estreno mundial en la Competencia Oficial.
Cannes suele ser cuestionado por elegir muchas veces películas infladas, anabolizadas, que en su búsqueda de importancia y trascendencia duran bastante más de lo aconsejable. A la salida de las funciones de prensa de All of a Sudden varios colegas incluían en esa caracterización al nuevo film de Ryûsuke Hamaguchi (3h16), aunque el director japonés ya había filmado, por ejemplo, la bastante más extensa Happy (5h17).
Me gustan las (buenas) películas largas y creo que hay films de 70 u 80 minutos que son aburridos. Probablemente All of a Sudden no alcance las cimas de, por ejemplo, de Drive My Car (2h59), pero me resultó una obra de enorme sensibilidad y humanismo, cautivante en varias de sus zonas y, en estos tiempos crueles en que la salud está vista como un gasto innecesario (o un negocio al que sacarle el máximo rédito), en el que los adultos mayores son considerados una carga y un problema, y en el que las enfermedades degenerativas generan desprecio, negación y/o angustia, se trata de un largometraje decididamente contracultural.
Como en toda película del cineasta nipón hay en All of a Sudden múltiples capas, escenas extensas, muchos y profundos parlamentos, permanentes derivas... ¿Que la estructura podría haber sido más simple, el relato más conciso, con menos personajes secundarios, con menos subtramas, con diálogos más breves? Pues entonces no sería un film de Hamaguchi.
La protagonista es Marie-Lou (Virginie Efira, omnipresente en este festival), directora de un centro de excelencia en París dedicado al cuidado de ancianos, la mayoría con enfermedades como el Alzheimer, Parkinson o Demencia, en el que se intentan implementar prácticas y postulados de Humanitude, un enfoque pionero que tiene como objetivo devolver a los pacientes mayores la dignidad que un sistema sanitario crónicamente falto de recursos y conciencia considera un lujo. La dinámica interna del instituto, que incluye tensiones y enfrentamientos con funcionarios, enfermeras y acompañantes, ocupa buena parte de la trama.
Sin embargo, la película se va ramificando y complejizando cuando Marie-Lou conoce a Kodai (Kodai Kurasaki), una directora de teatro que sufre un cáncer en estado ya terminal y con la que conectará de una manera muy íntima y profunda (y en determinado momento incluso viajarán a Kyoto)
La acumulación situaciones extremas de enfermedades, tratamientos, degradaciones y trastornos (hay también un adolescente con un autismo muy avanzado) puede sonar a regodeo en el dolor o directamente a golpe bajo, pero All of a Sudden sostiene siempre una mirada noble y empática en tiempos de cinismo y crueldad. Se trata, por lo tanto, de un film contracultural, que le dedica muchos minutos a conversaciones dominadas por la sabiduría y la franqueza, pero también a una caminata, un abrazo o a masajes en los pies. Nuevas amistades, proyectos laborales hechos con pasón, técnicas terapéuticas poco convencionales, teatro experimental, salud mental... Los alcances de la nueva película de Hamaguchi son múltiples y variados. Sí, dura más de tres horas; sí, requiere también de paciencia y compromiso por parte del espectador/a, pero la recompensa es ser testigos (y diría que parte) de una experiencia bella y fascinante, dolorosa y luminosa a la vez.
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