Festivales
Berlinale 76
Festival de Berlín 2026: críticas de Josephine”, de Beth de Araújo; y “Rosebush Pruning”, de Karim Aïnouz (Competencia Oficial)
Reseñas de dos de los largometrajes que aspiran el Oso de Oro de la Berlinale.
Josephine (Estados Unidos/2026). Guion y dirección: Beth de Araújo. Elenco: Channing Tatum, Gemma Chan, Mason Reeves, Philip Ettinger y Syra McCarthy. Fotografía: Greta Zozula. Edición: Anisha Acharya, Nico Leunen y Kyle Reiter. Música: Miles Ross. Duración: 119 minutos. ★½
Estrenada primero en el Festival de Sundance (donde ganó el Gran Premio del Jurado y el galardón del público) y ahora en la Competencia Oficial de la Berlinale, el segundo largometraje de Beth de Araújo luego de Soft & Quiet (2022) no tarda en exponer su premisa. Un padre de masculinidad desaforada pasea con Josephine (Mason Reeves), su hija de 8 años a quien llama Jo y entrena en las artes del deporte, por el Golden Park de San Francisco, cuando la niña se escapa y termina viendo cómo violan a una mujer.
Esta situación ocurre a los pocos minutos de comenzar la película, que exhibe una puesta en escena de provocación fácil: mucho nervio, algunos planos subjetivos de la niña, mucha testosterona de trazo grueso. Lo peor, sin embargo, llega en la escena de la violación, que esta directora estadounidense de madre de origen chino y padre brasileño filma de manera frontal, yendo y viniendo del cuerpo de la mujer a la mirada de la niña, permitiéndose incluso un plano de acercamiento a lo que está sucediendo. En esos momentos, una no puede evitar pensar en aquello de la puesta en escena como una cuestión moral, y sobre todo en aquello de que habría, al menos, que preguntarse cómo se quiere representar la violencia.
A partir de aquí, Josephine discurre dando bandazos entre el drama judicial, moral y familiar. Sin duda, hay detrás la voluntad de construir un discurso en torno a las connotaciones y la construcción del género; simplificándolo todo en la disyuntiva entre Damien (Channing Tatum), el padre testosterónico; Claire (Gemma Chan), la madre sensible; y la hija, que ha sido también víctima. El problema es que la violencia no es solo intrínseca al acto que la niña presencia, sino a la propia puesta en escena de la película.
Rosebush Pruning (Italia, Alemania, España, Reino Unido/2026). Dirección: Karim Aïnouz. Elenco: Callum Turner, Riley Keough, Jamie Bell, Tracy Letts, Elle Fanning, Pamela Anderson y Elena Anaya. Guion: Efthimis Filippou. Fotografía: Hélène Louvart. Edición: Heike Parplies, David Jancso e Ilka Janka Nagy. Música: Matthew Herbert. Duración: 94 minutos. ★½
Quizá esta sea una película que define un festival, o al menos su Competencia Oficial: dirigida por el cineasta brasileño-argelino Karim Aïnouz, con un casting atiborrado de intérpretes reconocidos (Elle Fanning, Pamela Anderson, Riley Keough, Tracy Letts, Jamie Bell, Callum Turner) y, sobre todo, con un guionista de aparente categoría, Efthimis Filippou, quien suele firmar los libretos de Yorgos Lanthimos.
Este último apellido es definitorio de lo que pretende Rosebush Pruning: equipararse al cine de la crueldad de Lanthimos, pero desposeyéndose de su singular puesta en escena. La película de Aïnouz tiene algo de receta, o de lo que otrora se llamó cine de calidad.
Rosebush Pruning gira en torno a una familia adinerada, a la que se presenta abiertamente a partir de sus privilegios. La voz en off de Ed (Callum Turner), uno de los hermanos, así lo explica al comienzo de la película, cuando dice que nunca van a tener que trabajar.
Hay una cierta tendencia a hacer un cine sobre ricos (véase en esta misma sección At the Sea, de Kornél Mundruczó) sin que se elabore realmente cualquier conciencia de clase. Rosebush Pruning compone el retrato familiar a partir de las miserias humanas de sus personajes, perdidos en los mencionados privilegios.
El tono es el del acento continuo, el de la sobre explicación, el de la provocación sin sustancia. Hay un tono constantemente crispado, sin que por ello acompañe la puesta en escena (gustará más o menos, pero ahí Lanthimos es claramente más director que Aïnouz). Y en esas, que se va frivolizando con el incesto, con las violencias, y finalmente con el abuso físico, que se despliega sin coartadas, en un pornográfico plano de un hombre con la boca rebosante de pasta de dientes; como si aquello pudiera ser divertido.
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