Críticas
Estreno en cines
Crítica de “Scream 7”, película de Kevin Williamson con Neve Campbell, Isabel May y Courteney Cox
La séptima entrega de esta saga iniciada 30 años atrás (el film original de Wes Craven es de 1996) resulta demasiado elemental incluso dentro de los parámetros y convenciones del slasher.
Scream 7 (Estados Unidos/2026). Dirección: Kevin Williamson. Elenco: Neve Campbell, Isabel May, Courteney Cox, Jasmin Savoy Brown, Mason Gooding, Anna Camp, David Arquette, Roger L. Jackson, Michelle Randolph, Jimmy Tatro, Mckenna Grace, Asa Germann, Matthew Lillard y Joel McHale. Guion: Kevin Williamson y Guy Busick. Fotografía: Ramsey Nickell. Edición: Jim Page. Música: Marco Beltrami. Distribuidora: UIP (Paramount). Duración: 114 minutos. Apta para mayores de 16 años.
Kevin Williamson fue el guionista de Scream, Scream 2 y Scream 4. Tras cuatro entregas dirigidas por Wes Craven, quien falleció en 2015, la franquicia fue a manos de la dupla integrada por Matt Bettinelli-Olpin y Tyler Gillett, quienes rodaron dos films (el quinto y el sexto) que se estrenaron casi pegados y le insuflaron nuevos aires. La séptima película lo tiene a Williamson de vuelta y esta vez en la doble función de guionista y por primera vez de realizador luego de numerosas polémicas, renuncias y despidos (desde Melissa Barrera hasta Jenna Ortega estuvieron ligadas al proyecto y finalmente no fueron de la partida) tanto delante como detrás de cámara. Lamentablemente, se trata de un regreso sin gloria, ya que Scream 7 se ubica entre las peores de la saga.
El film comienza con la ya habitual escena auto-paródica (y de alguna manera también auto-celebratoria) previa a los títulos en la que una pareja de nerds del cine de terror (Michelle Randolph y Jimmy Tatro) contrata un servicio para vivir una experiencia privada en la casa Macher, hoy convertida en un museo de todo lo relacionado con Stab (la película dentro de la película de Scream). Sin ser ninguna genialidad, es más ingeniosa y graciosa que todas las que vendrán en la siguiente hora y media de metraje.
Es que tras ese preámbulo comienza la película “en serio” y con ella también las zonas más básicas, previsibles de un slasher demasiado mecánico, que teme salirse de los caminos más transitados y carece de grandes hallazgos coreográficos o de humor negro. 
La acción transcurre en Pine Grove, una pequeña y plácida ciudad en la que Sidney Prescott (Neve Campbell) se ha radicado con Mark Evans (Joel McHale), su marido policía, y su hija ya adolescente Tatum (Isabel May), a la que esa madre que ha sufrido tantos traumas sobreprotege de forma patológica.
Pero, claro, mientras Tatum, quien tiene en pantalla tantos o más minutos que Sidney, vive sus iniciáticas experiencias afectivas y ensaya una obra teatral, aparece en Pine Grove nada menos que Ghostface para desatar lo que se espera de él: un festival de sangre y vísceras, cuchillazos, cabezas degolladas y cuerpos destripados. Y, como para que la audiencia irrumpa con aplausos, se sumará luego la Gale Weathers de Courteney Cox para junto a un equipo de jóvenes cronistas de TV cubrir los hechos que conmueven a la comunidad; y aparecerá de una manera que es mejor no adelantar el Stu Macher de Matthew Lillard.
Hay alguna “actualización” propia de estos tiempos como el deepfake generado por Inteligencia Artificial, pero la fórmula es la de siempre, solo que peor aplicada que otras veces. Ni siquiera las tensiones, distanciamientos y posteriores reencuentros entre esa madre y esa hija logran darle un mínimo de emoción, profundidad o carnadura a una Scream 7 que parece haber caído a los subsuelos de la franquicia y del género.
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