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Cine latinoamericano
FICValdivia 2025: Críticas de “Niñxs”, de Kani Lapuerta, y “Matapanki”, de Diego "Mapache" Fuentes (Competencia Largometraje Juvenil)
La búsqueda de la identidad y la fantasía son las temáticas en común de dos óperas primas, una mexicana y otra chilena, que se presentaron en Valdivia.
Niñxs (México, Alemania/2025), de Kani Lapuerta. Duración: 86 minutos. ★★★½
Presentada en festivales como Visions du Réel, Morelia, Hamburgo y el reciente FIC.UBA, la ópera prima del documentalista, educador social y activista transfeminista Kani Lapuerta sigue durante 8 años el derrotero íntimo y social de Karla Bañuelos en busca de su identidad de género y su reconocimiento por parte del Estado incluso con un cambio de nombre en su documentación.
En una sociedad patriarcal como la mexicana (y no solo de ese origen) donde un cuerpo cisheterosexual, blanco y normativo se considera lo normal e incluso lo privilegiado, para Karla resulta algo que no la representa y rechaza. Sus padres, mezcla de hippies y punks que se dedican a cocinar (dos tipos bienintencionados que hacen lo que pueden y lo mejor que les sale), la trasladan de Ciudad de México hasta Tepoztlán, un pueblo ubicado en un cerro a 100 kilómetros de la capital, para que allí sufra menos presiones y pueda adaptarse mejor. La transición no será nada fácil, pero ella contará con la ayuda de varias amigas y una encomiable fuerza de voluntad.
Niñxs propone un mixtura entre el documental, el musical, la ficción lúdica con muchos códigos en común entre cineasta y protagonista, un diario fílmico muy íntimo, y un (auto)retrato que sintoniza con la estética de estos tiempos de TikTok. Hay algunos pasajes que resultan un poco forzados, sobreactuados o calculados, pero en la mayoría de las escenas Karla, a la que vemos pasar de niña a adolescente y de a adolescente a mujer joven, se muestra con una llamativa naturalidad, desparpajo y simpatía. Así, Niñxs resulta una sensible historia de vida y al mismo tiempo un film militante que no necesita de la bajada de línea para ser profundamente político.
Matapanki (Chile/2025), de Diego "Mapache" Fuentes. Duración: 71 minutos. ★★★✩✩
Una película punk para una épica punk, una fantasía delirante para un ejercicio de cine clase B, una historia de irreverencia juvenil con un dispositivo visual y narrativo que va de muchos planos secuencia con cámara en mano y un blanco y negro hiper granulado hasta la técnica de la rotoscopia y un vértigo sustentado en un montaje vertiginoso. El resultado es un film orgullosamente sucio y desprolijo (Pappo dixit) que lo que carece de profundidad y hasta de sorpresa lo compensa con creces con su simpatía, desenfado y falta de prejuicios.
Ante una platea muy entusiasta que colmó el enorme Teatro Lord Cochrane en medio de un diluvio y acompañó hasta con aplausos varios de sus gags, el estreno de Matapanki tuvo mucho de celebración comunitaria con espíritu rockero.
El antihéroe con destino de superhéroe (literal) es Ricardo (Ramón Gálvez), un adolescente punk de Quilicura que pasa más tiempo borracho que sobrio, aunque se ocupa de cuidar a su abuela. Con sus mejores amigos, Mella y Claudia, curten el mundo de los shows de bandas punks con pogos interminables. En determinado momento, tras probar un extraño brebaje alcohólico, adquiere superpoderes que no sabe cómo controlar y lo llevarán a convertirse en un justiciero capaz de cambiar los destinos políticos del mundo.
Película de graduación de la Universidad del Desarrollo, film de nicho y muy probablemente con destino de culto en el marco de un cine chileno que no suele incursionar en este tipo de propuestas, Matapanki es de esas propuestas parteaguas: una auténtica fiesta para cierta platea juvenil y un OVNI que los cinéfilos más tradicionales y solemnes seguramente descartarán de plano.
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