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Festival de San Sebastián 2025: crítica de “Limpia”, película de Dominga Sotomayor (Horizontes Latinos)
En la apertura de esta competencia dedicada al cine latinoamericano, y en caracter de estreno mundial, se proyectó el nuevo largometraje de la directora de De jueves a domingo (2012), Mar (2014) y Tarde para morir joven (2018), que se basó en el best seller de la también chilena Alia Trabucco y que estará disponible en Netflix desde el 10 de octubre.
Limpia (Chile/2025). Dirección: Dominga Sotomayor. Elenco: María Paz Grandjean, Rosa Puga Vittini, Ignacia Baeza Hidalgo, Benjamín Westfall y Rodrigo Palacios. Guion: Gabriela Larralde y Dominga Sotomayor, basado en el libro de Alia Trabucco. Fotografía: Bárbara Alvarez. Edición: Federico Rotstein. Música: Carlos Cabezas. Sonido; Leandro de Loredo. Producción: Juan de Dios Larraín, Pablo Larraín y Rocío Jadue (Fabula). Duración: 102 minutos. Estreno mundial en la competencia Horizontes Latinos (película de apertura).
Limpia es una película programática, cuya protagonista, Estela (María Paz Grandjean), es una trabajadora del hogar que se encarga tanto de limpiar la casa como de cuidar a la hija pequeña de una pareja adinerada (él, cirujano infantil; ella, con un proyecto artístico). Alrededor de ella, se va construyendo un contundente discurso de clase: Estela no puede cuidar a su familia (en este caso a una madre mayor) porque debe hacerse cargo de la de otros, Estela asume un lugar en la crianza y en el afecto que los padres de la niña han abandonado.
En un momento de Limpia, por ejemplo, vemos a Estela observando desde el jardín cómo la pareja para la que trabaja se besa apasionadamente en la habitación. Poco después, la película muestra a la protagonista boca abajo en la cama masturbándose. El dinero lo compra todo, incluso el tiempo y el espacio para las relaciones sexuales de pareja.
La película de Dominga Sotomayor va exponiendo claramente su discurso, el de una brecha de clase que resulta imposible de salvar y que se extiende en todos los ámbitos de una vida. En este sentido, la película se agarra a su protagonista, que se mueve sobre todo por el espacio de esa mansión con guarda, y que la directora filma a veces a través de ventanales y entre reflejos.
Limpia resulta contundente en lo que está exponiendo, hasta tal punto que ella sola se va situando en una encrucijada muy propia de cierto cine social: ¿cómo salir de ahí? ¿Qué hacer con los personajes? ¿Darles una salida digna o dejarlos caer? Si la primera parte sirve para exponer los principales postulados, la segunda la hace caer en las propias trampas que la película se ha tenido, con una piscina, un perro y una valla electrificada.
Sobre El vampiro negro (M, el vampiro de Dusseldorf en España), Fritz Lang solía decir que no quería mostrar lo que hace el asesino porque así cada espectador podía imaginar lo peor, pues no todos tenemos la misma percepción. La idea se puede aplicar al cine social: no tiene que suceder lo peor para evidenciar la perversión de las estructuras de clase, pues la violencia está en todas partes.
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