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Locarno 78
Festival de Locarno 2025: crítica de “Dracula”, de Radu Jude (Competencia Internacional)
Tras presentar en febrero último la notable Kontinental '25 en la Berlinale, donde ganó el premio a Mejor Guion, el prolífico y siempre provocador realizador rumano estrenó en la sección principal de Locarno un delirante, ambicioso y caleidoscópico acercamiento al mito del más famoso de los vampiros.
Dracula (Rumania, Brasil, Austria, Luxemburgo/2025). Guion y dirección: Radu Jude. Elenco: Adonis Tanța, Oana Maria Zaharia, Gabriel Spahiu, Ilinca Manolache, Alexandru Dabija, Andrada Balea, Doru Talos, Serban Pavlu, Lukas Miko y Alexandra Harapu. Fotografía: Marius Panduru. Edición: Cătălin Cristuțiu. Duración: 170 minutos. Estreno mundial en la Competencia Internacional.
Un corpus de 17 cortos, medios y largometrajes documentales, experimentales y de ficción desde 2020 a la fecha marcan la hiperproductividad y diversidad de búsquedas y enfoques de Radu Jude. Y, si bien esta versión decididamente poco convencional de Drácula se ubica para mi gusto por debajo de largos recientes como Sexo desafortunado o porno loco, No esperes demasiado del fin del mundo o Kontinental '25, es siempre un desafío y un placer reencontrarse con cualquiera de los proyectos del cineasta rumano.
“Nuestra película deconstruye el mito de Drácula a través de decenas de historias: absurdas, sensacionalistas, literarias, lúdicas, políticas, excesivas, pícaras, fantásticas o realistas. Una película sobre el propio cine”, la definió con acierto el propio Jude y por ahí hay que buscar la esencia, la desmesura, el desparpajo y también cierta irregularidad del conjunto.
De estructura episódica (cada segmento está presentado por un joven y director que cuenta cámara que pretende hacer una “película comercial y popular llena de sexo, desnudos, sentimientos, violencia, persecuciones automovilísticas, mucha sangre, bromas, chistes y humor físico” sobre Drácula con la ayuda de la Inteligencia Artificial), cada segmento resulta la concreción -muchas veces torpes- de esas ideas.
Lejos de la búsqueda del prestigio y del esplendor visual (filmó con un iPhone), esta Drácula de Jude apuesta por performances eróticas orgullosamente poco sutiles (grasas y berretas diríamos en el barrio), por situaciones malhabladas (está llena de insultos), por un humor negro con el famoso vampiro herido en su orgullo por la impotencia sexual, por múltiples imágenes de corte kitsch concebidas con una IA no muy desarrollada, por referencias a OnlyFans y TikTok o por la inclusión de muñecos con disfraces ridículos, pero también resulta profundamente cinéfila (hay un reciclaje y hasta una relectura del cine mudo con clásicos como el Nosferatu de Murnau) y política con su cuestionamiento de la codicia capitalista, la xenofobia (la problemática de los inmigrantes ilegales) y referencias directas a -por ejemplo- Ucrania y Gaza o a Donald Trump y Elon Musk.
Que el resultado sea desparejo, lleno de desniveles, no solo es lógico y esperable sino parte del propio espíritu de la propuesta del director, al que poco parece importarle la perfección, la prolijidad, la precisión y el recato. Jude se encuentra en una fase algo anárquica y profundamente anarquista. No tiene prejuicios, no tiene preconceptos, no acepta límites ni convencionalismos. Su Drácula modelo 2025 es avasallante, explosiva y demencial. En medio de tanto cine adocenado, bienvenida sea su apuesta por la prueba y el error, por la provocación, por el disparate y por el exceso permanente.
PD: Radu Jude anunció en Locarno que su próximo proyecto será Frankenstein en Rumania, con Sebastian Stan como protagonista. La historia combina la existencia real de una prisión secreta de la CIA en Rumania con la leyenda. El director quiere que Stan, rumano de nacimiento, interprete tanto a Víctor Frankenstein como a su monstruo.
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