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Festival de Cannes 2026: Crítica de “Les Roches rouges” (“Red Rocks”), de Bruno Dumont (Quincena de Cineastas)
El prolífico e inclasificable director francés presentó un film tan encantador como desconcertante en el que se asoma al universo infantil. Entre los coproductores del proyecto -anunciado a último momento como una función especial de la Quincena- figuran desde Albert Serra hasta Roberto Minervini.
Les Roches rouges / Red Rocks (Portugal, Francia, Italia, España, Qatar/2026). Guion, edicón y dirección: Bruno Dumont. Elenco: Kaylon Lancel, Kelsie Verdeilles, Louise Podolski, Mohamed Coly, Alessandro Piquera y Meryl Pires. Fotografía: Carlos Alfonso Corral. Música: Laia Torrents Carulla. Duración: 91 minutos. Estreno mundial en la Quincena de Cineastas (Función Especial seguida de una masterclass).
Jean Vigo, François Truffaut, Jacques Doillon, Céline Sciamma... Con Les Roches rouges, Bruno Dumont se suma a la mejor tradición del cine francés protagonizado por niños. En este caso, son media docena de chicos de entre 5 y 10 años a los que sigue durante sus aventuras (y desventuras) veraniegas en un paradisíaco balneario de la Costa Azul que tiene un inmenso viaducto por donde pasa el tren rumbo a Italia y en cuyas costas están las montañas rojas desde las que los pequeños se lanzan al mar cual si fueran clavadistas mexicanos.
La película es contradictoria: por un lado, los pibes son pura simpatía, naturalidad y expresividad; por otro, se comportan por momentos como adultos, ya que manejan unos cuatriciclos por la ruta, tienen incipientes romances, se enfrentan al control policial y escalan hasta alturas muy peligrosas generando una sensación de vértigo y alarma en el espectador. En ese sentido, hay que entrar en los códigos que propone Dumont y verla como una proyección y una fantasía.
Buena parte del éxito de Les Roches rouges se debe a Géo (Kaylon Lancel), un niño de pelo platinado que se “roba” buena parte del film y sus primeros planos, aunque también hay mucho espacio para la coprotagonista Ève (Kelsie Verdeilles) y el resto de la pandilla: Manon (Louise Podolski) y Rouben (Mohamed Coly).
El film apuesta a la improvisación, al caos controlado, y tiene algunas zonas más ficcionales (como un ataque y una represalia) que generan algún ruido respecto de la esencia lúdica y desprejuiciada de la propuesta. También hay una escena en la que ven jugar tenis a unos adultos (uno es el abuelo de Ève) que quita más de lo que agrega. De todas formas, el corazón de Les Roches rouges pasa por esta lúdica, auténtica, cariñosa y tierna exploración del universo infantil. Un antídoto contra todos los males de este mundo.
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