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Berlinale 76
Festival de Berlín 2026: crítica de “Yellow Letters” (“Gelbe Briefe”), película de İlker Çatak (Competencia Oficial)
El realizador de Once Upon a Time in Indian Country (2017), I Was, I Am, I Will Be (2019), Stambul Garden (2021) y El salón de profesores / The Teachers' Lounge (2023) ofrece un panorama desolador de la situación sociopolítica en Turquía.
Yellow Letters / Gelbe Briefe (Alemania, Francia, Turquía, 2026). Dirección: İlker Çatak. Elenco: Özgü Namal, Tansu Biçer, Leyla Smyrna Cabas e İpek Bilgin. Guion: İlker Çatak, Ayda Meryem Çatak y Enis Köstepen. Fotografía: Judith Kaufmann. Edición: Gesa Jäger. Música: Marvin Miller. Duración: 128 minutos. Estreno mundial en la Competencia Oficial.
El salón de profesores / The Teachers' Lounge, el largometraje que consagró a İlker Çatak con una nominación al Oscar a Mejor Película Internacional, duraba 98 minutos y tuvo su estreno mundial en Panorama, una sección menor de la Berlinale. Apenas tres años después, Çatak fue “ascendido” a la Competencia Oficial con un film más ambicioso que llega hasta los 128 minutos. Y, aunque la aritmética y el cine no siempre están directamente vinculados, hay algo entre inflado e inflamado en esta nueva propuesta del director berlinés de origen turco.
Derya (Özgü Namal) y Aziz (Tansu Biçer) son un matrimonio que tiene un buen pasar junto a Ezgi (Leyla Smyrna Cabas), su hija adolescente. No solo son una pareja en lo afectivo sino que conforman una exitosa dupla en lo artístico: ella como actriz; él como director. En la escena inicial los vemos disfrutar del suceso de su nueva obra teatral, pero al poco tiempo todo se les volverá en contra como el peor de los bumeranes.
En medio de una sociedad convulsionada y con múltiples manifestaciones callejeras, son objeto de una implacable persecución estatal y de la noche a la mañana se quedan sin sus trabajos en el teatro y en la docencia. Desesperados, se mudan de Ankara a Estambul (más precisamente a la casa de la madre de él), mientras deben enfrentar un proceso judicial y no tienen más remedio que ir desprendiéndose de su patrimonio y aceptar cualquier trabajo (él como taxista, ella como intérprete de telenovelas).
El panorama que ofrece Çatak (quien hace explícita la decisión de filmar en ciudades alemanas que se presentan como si fueran urbes turcas) es desolador: purgas, censuras y delaciones, vigilancia e intimidaciones por parte del Estado, causas armadas en la Justicia, inestabilidad económica con tasas de interés usurarias por parte de los bancos y el creciente poder de los sectores más conservadores y fanatizados.
Lo que el director expone, por lo tanto, es la degradación constante y progresiva de la situación de estos dos talentosos creadores que rondan los 50 años (y que como todo artista cargan, claro, con sus egos y sus vanidades) y cómo el sistema va minando la autoestima, contaminando la relación de pareja y afectando los valores, los principios y la dignidad de las personas, que en muchos casos deben traicionar sus convicciones para sobrevivir entre tanta hostilidad y crueldad.
Si por momentos la película luce demasiado recargada en su acumulación de infortunios y algo subrayada en la moraleja respecto del estado represivo imperante en la Turquía de Erdoğan, Çatak lo compensa con creces a partir de las dos extraordinarias actuaciones que consigue por parte de Özgü Namal y Tansu Biçer, quienes alcanzan a trasmitir con variedad de matices esa mezcla de indignación, tristeza, resentimiento y decepción que invade a sus personajes en este verdadero vía crucis que les toca transitar.
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