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Crítica de “Sangre del Toro”, documental de Yves Montmayeur sobre Guillermo del Toro (Netflix)
Casi en simultáneo con el lanzamiento de Frankenstein, su ambiciosa producción con Oscar Isaac, Jacob Elordi, Mia Goth y Christoph Waltz, Netflix también subió este retrato del francés Yves Montmayeur que, a partir de una larga entrevista con Del Toro, va recorriendo su vida, su cinefilia y su obra. Tanto Frankenstein como Sangre del Toro tuvieron sus estrenos mundiales en la reciente Mostra de Venecia.
Sangre del Toro (Francia, Reino Unido/2025). Guion y dirección: Yves Montmayeur. Fotografía: Raphaël Aupy y Vincent Gonon. Edición: Matthieu Brunel. Música: Yoko Higashi.vSonido: Raphaël Aupy y Vincent Gonon. Duración: 85 minutos. Estreno mundial en la sección Venice Classics. Disponible en Netflix desde el viernes 21 de noviembre.
Sangre del Toro no es un documental particularmente innovador en su forma, pero el mexicano es un artista no solamente muy interesante por su obra sino también extremadamente generoso a la hora de hablar de su formación, sus gustos, sus pasiones y los secretos de su filmografía.
En principio, Del Toro reconoce su admiración por cineastas clave del género como George A. Romero, Terrence Fisher y David Cronenberg (el canadiense aparecerá en un momento del film), admite haber atravesado una infancia llena de traumas y pesadillas, y hasta cuenta su predilección por visitar iglesias (en Guadalajara hay una de arquitectura gótica que lo marcó para siempre) y cementerios.
A la hora de las anécdotas laborales, comparte su experiencia en El corazón de la noche (1984), film de Jaime Humberto Hermosillo, que fue su primer trabajo profesional y en el que terminó cavando una fosa para una tumba. En ese proyecto la fotografía estuvo a cargo del mítico Gabriel Figueroa y dice que no paró de consultarle cosas y de aprender del maestro.
Del Toro habla de la influencia en su cine de la cultura popular mexicana, con sus elementos grotescos y surrealistas, y de la falta de prejuicios a la hora de mezcla de géneros y temas (“así terminé combinando fantasmas, fascismo, fantasía y guerra civil”, concluye).
A la hora de citar influencias, el realizador de Cronos, Mimic, El espinazo del diablo, Blade 2, Hellboy y su secuela, El laberinto del fauno, Titanes del Pacífico, La cumbre escarlata, La forma del agua, El callejón de las almas perdidas y Pinocho habla en detalle del impacto que le generaron tanto los murales de José Clemente Orozco como la cultura japonesa, pero también las imágenes de fetos, cuerpos, carne, sangre y fluidos de la poesía de la carne de David Cronenberg (“me hubiera gustado mucho haber filmado La mosca o Videodrome”, reconoce).
La cámara del francés Yves Montmayeur lo acompaña por charlas públicas en festivales en auditorios repletos, cantando sobre un escenario Cielito lindo y reflexionando sobre el impacto que también le produjo la violencia social de México, país en el que vivió hasta los 34 años (luego se radicó en Los Angeles, donde ya lleva 26 porque hoy tiene 60).
En los 85 minutos del documental sobre el creador de la flamante Frankenstein se dan detalles de sus rodajes, se muestran fragmentos de sus películas, aparecen habituales colaboradores como el diseñador Eugenio Caballero y Del Toro se concentra un buen rato en contar su pasión por los cómics, que colecciona desde hace más de 35 años (tiene más de 15.000).
Lo dicho: Sangre del Toro no pasará a la historia de los documentales sobre grandes autores, no ganará premios por sus riesgos y audacias, no será reconocido por experimentar en ningún terreno, pero consigue algo valioso: indagar en la intimidad y en el arte de un creador. Un artista y su gabinete personal de curiosidades, un cineasta en su intrincado y fascinante laberinto.
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