Críticas
Estreno en cines
Crítica de “El testimonio de Ann Lee” (“The Testament of Ann Lee”), película de Mona Fastvold con Amanda Seyfried
Tras su estreno mundial en la Competencia Oficial de la Mostra de Venecia 2025, llega a los cines argentinos este tercer largometraje como directora de Mona Fastvold luego de The Sleepwalker (2014) y Deseo prohibido / The World to Come (2020).
El testimonio de Ann Lee (The Testament of Ann Lee, Reino Unidos, Estados Unidos/2025). Dirección: Mona Fastvold. Elenco: Amanda Seyfried, Lewis Pullman, Christopher Abbott, Tim Blake Nelson, Thomasin McKenzie, Stacy Martin, Matthew Beard, Scott Handy, Jamie Bogyo, Viola Prettejohn y David Cale. Guion: Mona Fastvold y Brady Corbet. Fotografía: William Rexer. Edición: Sofia Subercaseaux. Música: Daniel Blumberg. Distribuidora: Disney (Searchlight Pictures). Duración: 136 minutos. Apta para mayores de 16 años.
Mona Fastvold y Brady Corbet comenzaron sus carreras delante de cámara y ahora se han convertido en autores reverenciados por sus trabajos detrás de ella. En 2024 Corbet estrenó El Brutalista, épica de más de tres horas y media rodada en Hungría. Y en Hungría se filmó también El testimonio de Ann Lee, que dura “apenas” 136 minutos. Para más datos, Fastvold y Corbet son pareja y ambos coescribieron ambas películas. Sin embargo, mientras él consiguió 10 nominaciones al Oscar y terminó ganando tres con El Brutalista, El testimonio de Ann Lee fue completamente ignorada a la hora de los premios de la Academia.
La película de Fastvold es una muy poco convencional biopic sobre Ann Lee (1736-1784), una mujer inglesa que lideró la Sociedad Unida de Creyentes en la segunda Aparición de Cristo, más popularmente conocida como los Shakers (porque adoraban a Dios con bailes o “sacudidas”, una experiencia física de éxtasis espiritual). En una época en la que muy pocas mujeres tenían poder en el terreno religioso (y no solo en el religioso), ella desafió las estructuras patriarcales y, por esa y otras prédicas, fue combatida a pura represión, cárcel y sangre tanto en su país como luego cuando en 1774 emigró al estado de Nueva York con un pequeño grupo de sus seguidores protestantes que la llamaban Madre Ann y la consideraban la encarnación de todas las perfecciones de Dios en forma femenina y la “segunda venida” de Cristo.
Que El testimonio de Ann Lee (para nuestra región le cambiaron el “testamento” por “testimonio”) sea por momentos un musical tiene toda la lógica, ya que los Shakers implementaban en sus congregaciones verdaderas coreografías y la propia Ann Lee y sus seguidores cantaba canciones / consignas durante los encuentros.
Pero, ambiciosa y por momentos pretenciosa como es, El testimonio de Ann Lee abarca múltiples cuestiones, como la maternidad (esta mujer dio a luz cuatro hijos que murieron antes de cumplir un año), la conflictiva relación con su marido Abraham (Christopher Abbott), un herrero bastante opresivo; la profunda unión con su hermano menor Willam (Lewis Pullman), su decisión de en determinado momento echazar al sexo y abrazar el celibato y la devoción religiosa; las tensiones entre distintas formas de fanatismos o la creación de una comunidad ideal basada en el trabajo compartido y la propiedad comunal.
El testimonio de Ann Lee tiene algo del Robert Eggers de La Bruja; del Ari Aster de Midsommar: El terror no espera la noche; y también de cierta crueldad, manipulación y el regodeo del Lars von Trier de Bailarina en la oscuridad. Y, al igual que en las películas de su marido, socio y coguionista, hay un muy virtuoso despliegue visual, sonoro y actoral (es muy potente el trabajo físico y gestual de Amanda Seyfried) que convierten a la película en una experiencia siempre misteriosa y por momentos fascinante.
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