Críticas
Cine latinoamericano en salas
Crítica de “Aún es de noche en Caracas”, película de Mariana Rondón y Marité Ugás
Luego de su paso por festivales como los de Venecia y Toronto, se estrena en 15 salas de la Argentina el más reciente film de la realizadora de Pelo malo y Zafari, codirigido con la peruana Marité Ugás.
Aún es de noche en Caracas (México, Venezuela,/2025). Dirección: Mariana Rondón y Marité Ugás. Elenco: Natalia Reyes, Moisés Angola, Sheila Monterola, Samantha Castillo y Edgar Ramírez. Guion: Mariana Rondón y Marité Ugás, basada en la novela La hija de la española, de Karina Sainz Borgo. Música: Camilo Froideval. Fotografía: Juan Pablo Ramírez. Edición: Soledad Salfate. Distribuidora: BF París. Duración: 97 minutos. Apta para mayores de 16 años. Salas (primera semana): 15 (Cinemark Abasto, Cinemark Unicenter, Cinépolis Recoleta, Cinépolis Plaza Houssay Cinépolis Pilar, Showcase Belgrano, Atlas Caballito, Monumental Lavalle, Cinépolis Avellaneda, Cinépolis Merlo, Cinépolis Luján, Cinépolis Neuquén, Cinépolis Mendoza, Cinépolis Arenas Maipú y Cinépolis Rosario).
Pelo malo (2013) fue un ejemplo de cómo narrar las miserias de una sociedad en ese caso machista y homófoba con sensibilidad, sutileza y lirismo; Aún es de noche en Caracas elige el camino opuesto: se trata de una mixtura entre el thriller político y el melodrama siempre inflamado en el que cada plano y cada diálogo parecen dar cuenta con subrayados, sin matices, del profundo grado de descomposición moral en Venezuela.
Ambientada en 2017 y basada en el best seller La hija de la española, Aún es de noche en Caracas comienza con una serie de manifestaciones, saqueos y asesinatos callejeros. En medio de ese caos, Adelaida (la colombiana Natalia Reyes) debe sobrellevar la reciente muerte de su madre y se encuentra con que la casa familiar es usurpada por unas violentas mujeres que se amparan en la revolución bolivariana para violar la propiedad privada.
A partir de ese arranque, iremos conociendo el vía crucis de una protagonista que hasta deberá cambiar de identidad (hay un mercado negro para todo en los submundos de Caracas) con tal de sobrevivir. Mientras tanto, Rondón y Ugás incluyen unos cuantos flashbacks (también recargados de frases entre cursi, explíicitas y altisonantes) para conocer el pasado de Adelaida y su relación con Francisco (Edgar Ramirez, también productor del film).
Más allá de las desventuras de Adelaida, hay otro personaje cuyo arco dramático expone de forma cruda, pero también obvia, el derrotero del film: se trata de Santiago (Moisés Angola), quien será por momentos víctima y en otras victimario en una sociedad dominada por las infiltraciones, las delaciones, el control y la represión estatal, la corrupción y los abusos constantes de los violentos grupos de choque.
Es cierto que la película, con sus escenas callejeras con cámara en mano, con la sensación de angustia, miedo y agobio que se percibe a cada paso de Adelaida mientras intenta huir de ese infierno, tiene pasajes visual y narrativamente (in)tensos, pero Aún es de noche en Caracas termina siendo una película más catártica y de denuncia que artísticamente sorprendente y profunda.
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