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Festival de Cannes 2025: crítica de “Alpha”, película de la francesa Julia Ducournau (Competencia Oficial)
Tras ganar hace cuatro años nada menos que la Palma de Oro con Titane, la directora de Grave / Crudo / Raw presentó en la sección principal una desoladora alegoría sobre los tiempos del SIDA.
Alpha (Francia/2025). Guion y dirección: Julia Ducournau. Elenco: Mélissa Boros, Golshifteh Farahani, Tahar Rahim, Emma Mackey, Finnegan Oldfield, Frédéric Bayer Azem y Louai El Amrousy. Fotografía: Ruben Impens. Edición: Jean-Christophe Bouzy. Música: Jim Williams. Duración: 128 minutos. Estreno mundial en la Competencia Oficial.
Ducournau había llamado mucho la atención con Grave / Crudo / Raw (2016) y, claro, sobre todo con Titane. Alpha es la más recargada en términos melodramáticos y más humanista de las tres, pero también la menos interesante, lo que no quiere decir que carezca de elementos para el análisis y para la polémica encarnizada.
La directora no da demasiadas precisiones, pero se supone que la acción transcurre en un pueblo de la Normandía de los años '90. Tampoco se nombra al HIV-SIDA, pero muchos de los efectos del virus son similares, aunque acá con unas variaciones no menores: los cuerpos de los enfermos se van convirtiendo en... ¡mármol! (así como lo leen).
Y quien podría tener el virus (por haber sido tatuada con material usado) es Alpha (Mélissa Boros), una chica de 13 años que vive con su madre (Golshifteh Farahani) y ocasionalmente con su tío Amin (Tahar Rahim), adicto a la heroína (debe ser una de las películas con más jeringas en primer plano de la historia del cine) e infectado con esa enfermedad que también nos trae alguna reminiscencia de los tiempos más recientes del COVID.
La presencia del virus (en un momento ya no hay camas disponibles para atender la demanda de pacientes) le sirve a Ducournau para trabajar algunos elementos propios del género (terror apocalíptico), pero en líneas generales podemos decir que Alpha es un drama sobre una muy cercana e intensa relación madre-hija.
La gran Golshifteh Farahani interpreta a esa mamá (para Alpha), hermana (para Amin) y médica (para toda la comunidad) abnegada hasta niveles extremos. En ese sentido, se trata de la película con personajes más empáticos y queribles de toda su filmografía. Claro que ellos están inmersos en un mundo que se derrumba y en el cual se impone la crueldad: así, Alpha sufre todo tipo de bullying cuando sus compañeros se enteran de que podría estar contaminada.
La película tiene algunas secuencias muy potentes e impactantes, varios clips musicales (en el mejor de todos suena de fondo The Mercy Seat, de Nick Cave and the Bad Seeds), pero en varios otros pasajes luce repetitiva, derivativa, estirada y caprichosa (no pidan coherencia alguna a la línea de tiempo porque la Alpha de 13 años puede “convivir” en una misma escena con ella misma a los 5). No se trata, por lo tanto, de una continuación del todo lograda para Titane, pero al menos el estilo, el portentoso despliegue visual (aquí con colores mucho menos saturados) y la calidad de las actuaciones se mantienen inalterables.
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