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Crítica de “Moria”, serie de Javier Van de Couter con Moria Casán, Sofía Gala Castiglione, Griselda Siciliani y Cecilia Roth (Netflix)

-El director de Mía (2011), Implosión (2021), Tesis sobre una domesticación (2023) y la serie Cris Miró (Ella) concibió un ambicioso, arriesgado, vertiginoso, algo irregular, pero en buena parte de su desarrollo fascinante retrato sobre la actriz, conductora, modelo, vedette, empresaria e insoslayable figura mediática de las últimas seis décadas.
-El estreno de los 8 episodios será el viernes 14 de agosto, apenas dos días antes del cumpleaños número 80 de la diva.

Estreno 14/08/2026
Publicada el 10/08/2026

Moria (Argentina/2026). Dirección: Javier Van de Couter. Elenco: Sofía Gala Castiglione, Griselda Siciliani, Cecilia Roth y la participación de Moria Casán. Guion: Javier Van de Couter, Martín Vatenberg y Donna Tefa Sanguinetti. Fotografía: Luciano Badaracco. Diseño de producción: Walter Cornás y Juan Cavia. Edición: Vanesa Ferrario. Música: Alejandro Kauderer e Ignacio Gabriel. Sonido: Manuel De Andrés y Martín Scaglia. Producción: About Entertainment. Son 8 episodios de entre 27 y 46 minutos cada uno. Duración total: 285 minutos. Disponibles desde el viernes 14 de agosto.

Esta crítica contiene algunos spoilers, aunque la mayoría de los hechos de la vida de la protagonista son de dominio público (de todas formas, vale la advertencia)

En 2007 Todd Haynes estrenó I'm Not There, biopic en la que seis actores y actrices como Christian Bale, Cate Blanchett, Heath Ledger, Richard Gere, Ben Whishaw y el niño Marcus Carl Franklin interpretaban diferentes facetas y épocas de Bob Dylan. Salvando las múltiples distancias de tiempos, lugares y universos, el coguionista y director Javier Van de Couter también “fragmentó” a Moria Casán. Si bien son Sofía Gala Castiglione, su hija en la vida real (en los primeros tres capítulos), Griselda Siciliani (desde el cierre del tercer episodio y hasta el sexto) y Cecilia Roth (en las dos últimas entregas) quienes encarnan a la protagonista, también hay otras actrices que en los flashbacks le dan vida a, por ejemplo, las versiones infantiles. Y está, claro, la propia Moria como narradora, presentadora, titiritera y Diosa todopoderosa de la serie.

Pero Van de Couter va todavía más allá en su intento de despegarse del formato tradicional de las películas y series biográficas y son varios los personajes secundarios que tambén tienen más de un rostro, desde Susana Giménez (Micaela Riera primero y Leticia Bredice después) hasta Sofía Gala (Lola Ríos, Thea Garat y Olivia Nuss).

Moria sofia gala

Es cierto que varios personajes entran, salen y eventualmente regresan a la serie sin demasiadas introducciones, justificaciones ni resoluciones (la arbitrariedad y el capricho son parte constitutiva de la propuesta anticonvencional de la serie), pero a lo largo de los 8 episodios iremos conociendo a su madre Rosa (Eugenia Alonso) y su padre Juan (Gabo Correa), a su descubridor, el capo del teatro de revistas Carlos A. Petit (Luis Machín), a sus principales relaciones afectivas como Carlos Sexton (Gabo Ferro), Mario Castiglione (Marco Antoni Caponi) y Luis Vadalá (Joaquín Ferreira); a sus compañeros de trabajo Alberto Olmedo (Sebastián Rosso) y Jorge Porcel (Hernán Gimenez), con quien la serie es bastante cuestionadora; y muchísimas otras figuras de la vida real: Gerardo Sofovich (Sebastián Arzeno), Fernando Galmarini (Julián Calviño), Fito Páez (Giuliano Pianetti), Batato Barea (Donna Tefa Sanguinetti, además coguionista del proyecto), sus compañeras en la obra Brujas Nora Cárpena (Luciana Ulrich), Susana Campos (Melisa Marzioni), Thelma Biral (Martina Perret) y Graciela Dufau (Pilar Viñes), el empresario Carlos Rottemberg (Javier Pedersoli), Guillermo Bredeston (Marcos Medrano), Luis Agustoni (Emiliano Carrazone), su íntima amiga y compinche Zeta (María Fernanda Callejón) y su asistente personal Galo (Eloy Rossen), entre varios otros.

Más allá de la cronología con los hits de su vida (La Gran Revista Porteña, Monumental Moria, A la cama con Moria, La revista de Moria, Brujas, Playa Franka, Amor y Moria, su autobiografía MeMoria y hasta episodios escandalosos como su paso por una cárcel paraguaya acusada de robar joyas y consumir cocaína que hicieron las “delicias” de la prensa amarilla y sensacionalista), la serie se propone como un órgano en constante movimiento, en permanente mutación, pendulando entre el realismo y la fantasía, entre una vertiente documentalista que reconstruye situaciones con extrema precisión y otra en la que se da rienda suelta a la exaltación de la sexualidad sin inhibiciones, al artificio, al musical; al desprejuicio y la provocación de la estética queer por su histórica y cercana conexión con “putos, tortas y trabas”, como ella gusta definirlxs.

Esas tensiones internas hacen que la serie se sienta de a ratos un poco tironeada entre lo que quiere (una propuesta radical) y lo que debe ser (una producción para una plataforma masiva como Netflix), aunque en el balance hay que reconocerle a Van de Couter y su equipo que hay muchas zonas de riesgo en las que se hablan sin tapujos de abusos infantiles, consumo de grandes cantidades de cocaína y alcohol, abortos, violencia de género, abusos de un patriarcado y un machismo dominante que tuvo a Moria como víctima, pero también como exponente de enormes dosis de resiliencia y progresivo empoderamiento.

Moria siciliani

El guion y las actuaciones transmiten la esencia, los gestos, las inflexiones, los modismos y el lenguaje tan propio de Moria, pero ninguna de las tres intérpretes busca la mímesis, la imitación. A Sofía Gala, por supuesto, la genética la ayuda porque las similitudes con su madre son indudables; mientras que para Griselda Siciliani y Cecilia Roth la caracterización facial resulta por momentos demasiado recargada (a Roth, además, le toca uno de los episodios más breves y flojos del conjunto como el anteúltimo).

Además de sus muchas veces tortuosas relaciones con hombres que resultaron bastante manipuladores, violentos y vividores, el aspecto quizás más interesante por lo contradictorio es cómo la serie va abordando el siempre tirante, problemático e intenso (para bien y para mal) vínculo con su hija Sofía Gala, dos espíritus impulsivos, rebeldes, inconformistas e impredecibles que nunca cumplieron con los mandatos maternos de la familia tradicional.

Hay algo camaleónico a-lo-David Bowie en el retrato de Moria -alguien que también siempre buscó redefinirse y reinventarse- que proponen Van de Couter y equipo; y, tanto en su búnker de Parque Leloir como en distintos centros de la noche porteña, se exponen el desborde, el descontrol, el delirio y el desparpajo que caracterizan, por ejemplo, a las películas y las series de Paolo Sorrentino. En ese sentido, más allá de los múltiples logros y de ciertos traspiés parciales de una serie quizá demasiado bulímica, puede decirse con certeza que la mayoría de las elecciones estéticas y narrativas resultan más que acertadas.

Moria roth

Atención: a partir de aquí hay spoilers importantes sobre el final de la serie

El cierre del último capítulo es, al mismo tiempo, previsible y conmovedor. La serie comienza y termina con una gran fiesta, la celebración de los 80 años de la protagonista. Por cómo estaba concebida y estructurada, era “de manual” que la Moria Casán real se terminaría encontrando con la Sofía Gala real (y hasta con sus nietos Helena y Dante), pero la escena en la que -al menos en el ámbito de la ficción- intentan sellar una especie de armisticio después de tantos enfrentamientos no deja de ser un momento de enorme impacto emocional.

Las escenas de la fiesta, por su parte, no solo son una forma de culminar la serie en un ambiente festivo sino la oportunidad de reunirse con las tres grandes actrices que la interpretaron, con sus amigos y amigas de toda la vida, con sus imitadoras, con comunicadores como Marcelo Polino y la Negra Vernaci, con su amor de la adultez Fernando Galmarini o con la mismísima Lali Espósito, que de alguna manera es vista como continuadora de su versatilidad y riesgo artístico. El despliegue es fastuoso y, sí, emocionante. Como diría la propia Moria: “Si querés llorar, llorá”.

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