Críticas
Estreno en cines
Crítica de “Hangar rojo”, película de Juan Pablo Sallato
La opera prima de Sallato -estrenada en la competencia Perspectives de la Berlinale 2026 y premiada en festivales como BAFICI, Málaga y Guadalajara- reconstruye sin demagogia ni complacencia, con intensidad e inteligencia, la historia del capitán de la Fuerza Aérea chilena Jorge Silva justo antes, durante y poco después del golpe militar de 1973.
Hangar rojo / The Red Hangar (Chile, Argentina, Italia/2026). Dirección: Juan Pablo Sallato. Elenco: Nicolás Zárate, Boris Quercia, Marcial Tagle, Catalina Stuardo, Aron Hernández, Francisco Carrasco y Juan Cano. Guion: Luis Emilio Guzmán, inspirado en la crónica autobiográfica de Fernando Villagrán. Fotografía: Diego Pequeño. Edición: Valeria Hernández y Sebastián Brahm. Música: Alberto Michelli y Matteo Marrella. Distribuidora: Zeta Films Duración: 81 minutos. Calificación: R13 ( Restringida para menores de 13 años). Salas (primera semana): 16 (Cinépolis Recoleta, Cinépolis Houssay, Atlas Patio Bullrich, Lorca, Gaumont, Multiplex Belgrano, Showcase Belgrano, Showcase Norte, Multiplex Pilar, Cinema Paradiso de La Plata América de Santa Fe, Cine Universidad de Mendoza, Cinépolis Neuquén, Espacio INCAA Sociedad Italiana de Maipú, Espacio INCAA Unicen de Tandil, Espacio INCAA Cotesma de San Martín de los Andes y Espacio INCAA Lorenzo Kelly de Cipolleti).
En octubre de 1970 Jorge Silva, destacado paracaidista, denunció un intento de asesinato contra el entonces presidente electo Salvador Allende. A ese hecho se alude apenas de soslayo durante este film que comienza el 10 de septiembre de 1973; es decir, un día antes del golpe encabezado por Augusto Pinochet. ¿Por qué es importante ese antecedente? Porque en los hechos que aquí se reconstruyen (en verdad buena parte de las explicaciones llegarán recién en los créditos finales con cinco placas informativas) tienen que ver con cómo alguien que siempre ha sido un legalista y a su vez debe someterse a la “obediencia debida” a sus superiores actuó en momentos en que todo era caos, confusión, venganza y revanchismo. Considerado por algunos como una suerte de Oskar Schindler chileno, Silva enfrentó y pagó las consecuencias de sus actos.
De todas formas, la notable ópera prima de Juan Pablo Sallato -rodada en Mendoza. está lejos de apelar a la épica o la exaltación del heroísmo (sí hay un plano final digno de un western clásico). Con una cámara siempre pegada a sus personajes a-lo-Dardenne, con muchos primeros planos, con un permanente juego dramático con los (des)enfoques, con unas expresivas imágenes en blanco y negro que en este caso son sinónimo de tiempos pretéritos y de austeridad, Hangar rojo se convierte en una implacable, devastadora pero inteligente mirada a esta guerra de un solo hombre que se mueve entre todo tipo de adversidades para evitar las torturas y fusilamientos a sangre fría que imperaron en aquellas horas macabras.
A Silva (Nicolás Zárate) lo veremos tratando de lidiar con sus demonios internos, con sus dilemas morales y con unos superiores que durante años han acumulado resentimiento hacia su figura; de preservar a su esposa Rosa (Catalina Stuardo), una profesora de Historia progresista que trabaja en la universidad; y en la relación con el sargento Hernández (Aron Hernández), su chofer, asistente y discípulo que lo venera.
No hay nada demasiado explícito en las elecciones que hace Sallato para sumergirnos en el horror del golpe (el plano lejano de una picana eléctrica, los gritos en el contracampo sonoro), pero uno percibe en los gestos de los personajes, casi que puede sentir, oler, respirar ese aire viciado, contaminado de militares sedientos de sangre y de militantes secuestrados, torturados y asesinados.
Lo primero que se ve en Hangar rojo es el logo del INCAA (se trata de un proyecto que viene de la gestión anterior) y en el cierre de los créditos finales aparece la lista de los actuales funcionarios del Instituto, incluido su presidente Carlos Pirovano. Es una de las tantas paradojas en estos tiempos de gobiernos de ultraderecha y negacionistas respecto de los crímenes de Estado. La segunda placa indica que esta película fue apoyada durante la convocatoria 2018 del Fondo de Fomento Audiovisual de Chile y luego se verán los nombres de ¡ocho! empresas coproductoras. Queda claro, por lo tanto, que concretar hoy un film de esta temática y con estas características implican muchos años de esfuerzo y el aporte de numerosas compañías. Viendo los resultados artísticos, no caben dudas de que esa asociación mancomunada valió la pena.
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