Críticas
Estreno en cines
Crítica de “Buena suerte, diviértete, no mueras” (“Good Luck, Have Fun, Don't Die”), película de Gore Verbinski con Sam Rockwell
Tras casi una década de ausencia (su última película había sido La cura siniestra en 2016), el director de las tres primeras entregas de la saga de Piratas del Caribe y del notable film animado Rango regresó con una delirante y adrenalínica mixtura de géneros.
Buena suerte, diviértete, no mueras (Good Luck, Have Fun, Don't Die, Estados Unidos/2025). Dirección: Gore Verbinski. Elenco: Sam Rockwell, Juno Temple, Haley Lu Richardson, Michael Peña y Zazie Beetz. Guion: Matthew Robinson. Música: Geoff Zanelli. Fotografía: James Whitaker. Edición: Craig Wood. Distribuidora: BF París. Duración: 136 minutos. Apta para mayores de 17 años. Salas (primera semana): 60.
Luego de la experiencia de ver el nuevo largometraje de Gore Verbinski me surgieron adjetivos más del orden de lo gastronómico (insaciable, bulímico, voraz) que de lo cinéfilo. Siguiendo con esa analogía, me dejó una sensación parecida a cuando uno va a una fiesta en la que sirven muy buena comida, pero ingiere tanto, tan variado y en tan poco tiempo, que los sabores se mezclan y se pierden las sutilezas, los matices, la posibilidad de un mayor disfrute y, así, el placer inicial deriva en un atracón y finaliza en un dolor de panza.
Estamos frente a un film desaforado, sin límites y sin pausas, lleno de ideas (algunas originales, otras que son remedos o reciclajes de clásicos populares) y de sorpresas: una suerte de flipper cinematográfico en el que hay que seguir derroteros poco lineales y previsibles.
Sam Rockwell es un hombre con look de homeless que viene del futuro y aparece en un restaurante de Los Angeles con la idea de reclutar a un equipo que lo secunde en su idea de, claro, salvar el planeta. No es la primera vez que lo hace y, en ese sentido, en la sucesiva repetición de esa escena descubriremos que hay algo de Hechizo del tiempo (Groundhog Day) en el asunto.
Lo que sigue son más de dos horas frenéticas (en la extensión también hay algo de desmesura) en las que Verbinski, a partir de un guion firmado por Matthew Robinson, no solo narrará diversos enfrentamientos sino que le dedicará distintos episodios (casi como si fueran capítulos independientes de una serie) a los personajes que acompañan al protagonista: Mark (Michael Peña) y Janet (Zazie Beetz), una pareja de docentes de una secundaria en la que los alumnos -cual zombies dominados por las señales que les llegan desde sus teléfonos móviles- persiguen a sus profesores para aniquilarlos; Susan (Juno Temple), una madre que pierde a su hijo en una matanza escolar, pero el joven regresa como un clon; e Ingrid (Haley Lu Richardson), una joven alérgica a la tecnología (sangra cuando hay wifi o le acercan un celular) que es abandonada por un novio que prefiere sumergirse en una vida virtual.
A mitad de camino entre las distopías de la serie Black Mirror y la audacia existencial de las historias de Charlie Kaufman, pero también con muchos elementos de comedia negra, cine fantástico (como un gato gigante), ciencia ficción, estética de cómic y hasta irrupciones de gore, Buena suerte, diviértete, no mueras es una crítica despiadada pero al mismo tiempo algo obvia sobre los riesgos de una Inteligencia Artificial fuera de control, la creciente desconexión afectiva de los seres humanos y una mirada ecológica (la Tierra se convierte en una basural cada vez más grande) que se percibe en el sustrato.
El resultado es inevitablemente dispar, desparejo, pero siempre es mejor que esos desniveles se produzcan en una película audaz y provocadora y no -como ocurre con tantas producciones hollywoodenses de los últimos tiempos- en propuestas pasteurizadas y previsibles.
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