Críticas

El tren de las 3:10 a Yuma

Crítica de “3:10 Misión peligrosa” (“El tren de las 3:10 a Yuma”), película de James Mangold con Russell Crowe y Christian Bale (Netflix)

-Un viejo gran western recuperado con la dinámica, las técnicas y la sensibilidad de hoy. Una maquinaria narrativa llena de suspenso, tensión y emoción. Un director como Mangold que logra su mejor trabajo hasta la fecha. Un elenco sin fisuras con un duelo entre dos protagonistas no tan antagónicos (el "malo" Russell Crowe y el "bueno" Christian Bale) y con varios excepcionales personajes secundarios. Una fotografía y un sonido que sólo en el cine se pueden admirar y disfrutar en su dimensión exacta. Todo eso es El tren de las 3:10 a Yuma versión 2007. Mucho más que una simple remake a la que le dedicamos dos reseñas.
-Esta película se sumó al catálogo de Netflix en Julio 2026 como 3:10 Misión peligrosa, donde se ubicó entre los tres títulos más vistos.

Estreno 28/02/2008
Publicada el 21/07/2026

3:10 Misión peligrosa / El tren de las 3:10 a Yuma (3:10 to Yuma, Estados Unidos/2007). Dirección: James Mangold. Con Russell Crowe, Christian Bale, Logan Lerman, Dallas Roberts, Ben Foster, Peter Fonda, Vinessa Shaw, Alan Tudyk, Luce Rains y Gretchen Mol. Guión: Halsted Welles, Michael Brandt y Derek Haas. Fotografía: Phedon Papamichael. Música: Marco Beltrami. Edición: Michael McCusker. Diseño de producción: Andrew Menzies. Distribuidora: Sun Distribution Group y Distribution Company Argentina. Duración: 122 minutos. Apta para mayores de 16 años. Estreno en cines de Argentina: 28/02/2008. Disponible en Netflix (Julio 2026).

Crítica 1, por Diego Batlle

Hay westerns con grandes escenas de acción y mucha tensión; hay westerns de fuerte carnadura emotiva a la hora de retratar la lealtad y el honor; hay westerns existencialistas; hay westerns revisionistas; hay westerns de tono épico; hay westerns sangrientos y descarnados; hay westerns que hacen una gran utilización estética y dramática de los inmensos paisajes. Esta nueva (y superadora) versión de El tren de las 3:10 a Yuma, el clásico rodado hace medio siglo por Delmer Daves con Glenn Ford y Van Heflin, es todos esos westerns juntos.

James Mangold, que ya había demostrado su amor por el género en Tierra de policías, un thriller urbano y contemporáneo pero con todos los códigos del western, consigue el mejor film de su carrera gracias a sus propios méritos (dosificación del suspenso, solvencia narrativa, profundidad psicológica, excelencia estética, sensibilidad para hacer crecer la conexión entre dos protagonistas enfrentados, impecable marcación actoral) y, claro, también por el aporte de un elenco impecable tanto por sus dos actores principales como por cada uno de los secundarios, y gracias a la eficacia del editor Michael McCusker para trabajar escenas cortas y largas, contemplativas o punzantes; a la música de Marco Beltrami y al bellísimo registro de las zonas desérticas de Nuevo México en tomas panorámicas por parte del director de fotografía Phedon Papamichael (Entre copas).

La película se sustenta en la tensión entre dos personajes casi opuestos en la época posterior a la guerra civil: Dan Evans (Christian Bale), pequeño propietario de un rancho en crisis, es un típico hombre de familia angustiado por la sequía, por las deudas y por las amenazas de poderosos terratenientes que buscan quedarse por cualquier medio con sus tierras. Ben Wade (Russell Crowe), en cambio, es un famoso asaltante de diligencias y líder de una banda de implacables pistoleros.

Cuando Wade es atrapado, Evans acepta participar en la custodia del forajido hasta depositarlo en el tren del título, que a las 3:10 pasa con destino a la cárcel de Yuma. Pero, por supuesto, el viaje no será nada fácil y las realidades cambiarán a cada momento.

Si Crowe construye un malo de antología (o sea, tan sanguinario como seductor), si Bale alcanza a transmitir todas las dudas, las contradicciones y los dilemas de un hombre ordinario enfrentado a circunstancias extraordinarias, la película también logra momentos de enorme jerarquía con las apariciones de los personajes secundarios, especialmente los de Ben Foster (el sádico y leal ladero de Wade) y de Peter Fonda (un profesional a sueldo de la compañía Pinkerton).

Mangold construye no sólo un relato muy eficaz para quienes suelen disfrutar de este género mítico y fundacional del cine norteamericano, sino también un emotivo retrato humano sobre el honor, el entendimiento y la redención incluso en circunstancias tan adversas como extremas. Temas no menores y muy apropiados para aquellas viejas épocas y para estos nuevos tiempos violentos.


Crítica 2, por Martina Hirsch

Una remake de un clásico del western a cargo de un director irregular como James Mangold (Tierra de policías, Inocencia interrumpida, Johnny & June) no aparecía, a la hora de las apuestas previas, como el mejor de los mundos posibles. Pero, a veces, como en este caso, las especulaciones y los prejuicios se van -por suerte- al demonio. Así, esta nueva versión de la película dirigida 50 años atrás por Delmer Daves con Glenn Ford y Van Heflin resultó una gratísima sorpresa, un gran ejercicio narrativo lleno de suspenso y emoción, un excelente duelo actoral y una reivindicación desde el Hollywood de hoy al clasicismo de las épocas mejores.

Cada vez que surge un western con éxito y premios (Danza con lobos, Los imperdonables, El asesinato de Jesse James por el cobarde Robert Ford o este film) se habla del revival, del boom, del renacimiento, del resurgimiento del género más tradicional de la historia del cine norteamericano. No pretendo abonar esa idea ni me parece que El tren de las 3:10 a Yuma justifique ninguna teoría o tendencia comercial. Se trata, simple y contundentemente, de una reelaboración digna, noble y muy eficaz de una vieja historia contada con las técnicas, las sensibilidades y las actuaciones de hoy.

La anécdota es, con matices, similar a la de 1957. Dan Evans (Christian Bale) es un ranchero en crisis. Angustiado por la sequía, las deudas, los padecimientos de su familia y las presiones de los poderosos del lugar que pretenden quedarse como sea con sus tierras, acepta participar en el traslado del famoso forajido Ben Wade (Russell Crowe) hasta el tren que parte a las 3:10 con destino a la cárcel de Yuma. Claro que, en el trayecto, deberá vérselas con los apaches, con otros que también quieren la cabeza de Wade y, claro, con la despiadada banda del prisionero, ahora liderada por Charlie Prince (notable trabajo de Ben Foster en uno de esos secundarios impagables), que está dispuesta a todo con tal de liberarlo.

En su mejor trabajo hasta la fecha (Tierra de policías no estaba nada mal y era un western encubierto), Mangold reconstruye la dinámica social de la desértica y cruda Arizona de fines del siglo XIX con el invalorable aporte de su fotógrafo Phedon Papamichael (Entre copas) y de un elenco sin fisuras.

Algunos podrán cuestionar que El tren de las 3:10 a Yuma es, casi, un western filosófico y humanista (¿revisionista? ¿concesivo?), sobre las posibilidades de redención y reconciliación aún en las peores circunstancias (violencia, odio, venganza), pero yo lo encuentro decididamente conmovedor y sin por eso caer en los golpes bajos de la sensiblería.

Despojada de cualquier atisbo analítico, debo confesar entonces que disfruté mucho de haber visto este western en el cine (intuyo que la experiencia no será tan embriagadora en DVD). Una de esas películas que nos permiten salir de la sala con una sensación de satisfacción que no se produce tan a menudo.

COMENTARIOS

  • 6/03/2008 20:25

    A mi me gustó mucho, la disfruté, siempre me gustaron los western, y por primera vez me gustó la crítica de Martina, estoy totalmente de acuerdo.-

  • 2/03/2008 21:35

    ¿Se puede hacer un western de los 50 en el 2007? ¿Qué se gana y qué se pierde? Las certezas de los 50 ¿cómo hacen para vérselas con las ambiguedades de la postmodernidad? En esta nueva versión, el héroe ¿dice la verdad o utiliza una estratagema para salvar su vida? ¿Puede la industria actual soportar que el mal y el bien se confundan, pero se confundan en serio? ¿Puede ser un muy buen padre y esposo, un oscuro traidor y un feroz delincuente, un gran hombre? A mí me parece que el western de los cincuenta zanjaba mejor estos problemas, sin lesionar el verosímil. Acá el guion es menos riguroso y para mí todo resulta un poco menos verosímil. Se lo atribuyo al tipo de acción que hoy necesita construir el cine de acción: donde ayer hubo pueblos verdaderamente chicos e infernales y gente que en serio se conocía entre todos, hoy hay demasiada espectacularidad. En el western clásico, el hombre era nada frente al paisaje. En el actual, los FX parecen ser mayores que el desierto. Finalmente, los cincuenta parecen ser más certeros en cuanto a ideas (menos decadentes: más ingenuos). De todas maneras es una película sensible, intensa y bella.

  • 29/02/2008 22:47

    señores: volvieron los sabados de super acción!!<br /> Magistral western. Tiene todos los ingredientes: ataque a la diligencia, pueblo pequeño del lejano oeste, saloon con chica linda, los buenos, los malos queriendo matar a los buenos y ay!!!!! siempre lo mismo; el malo se pierde por un cabello de mujer.<br /> SENSACIONAL!!!!!!!!!!!!!!!!!

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