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Cine argentino en festivales
FICValdivia 2026: Críticas del Foco Lisandro Alonso
-Reseñas de los cinco films incluidos en la muestra dedicada al director argentino: La libertad (2001), Los muertos (2004), Sin título (carta para Serra) (2011), Jauja (2014) y La libertad doble (2026).
-No se proyectan en la muestra chilena Fantasma (2006), Liverpool (2008) ni Eureka (2023).
Críticas ya publicadas en Otros Cines:
Jauja
Dirección: Lisandro Alonso
Argentina, Dinamarca, Francia. 2014. 108'
La libertad doble
Dirección: Lisandro Alonso
Chile, Argentina, Luxemburgo, Alemania, Reino Unido. 2026. 100'
La libertad
(Argentina/2001). Guión, dirección, dirección de arte y producción ejecutiva: Lisandro Alonso. Con Misael Saavedra, Humberto Estrada, Rafael Estrada, Omar Didino y Javier Didino. Fotografía y cámara: Cobi Migliora. Música: Juan Montecchia. Sonido: Catriel Vildosola. Edición: Lisandro Alonso y Martín Mainoli. Producción: Hugo Alberto Alonso. Productores asociados: Hernán Musaluppi, Martín Rejtman y Pablo Trapero. Presentada por Distribution Company. Duración: 73 minutos. Apta para todo público.
La libertad, opera prima de Lisandro Alonso (de 25 años), es una de las películas más austeras y al mismo tiempo más radicales de esa entelequia denominada nuevo cine independiente argentino, que explotó desde 1998.
Este film ascético, casi minimalista (hasta el extremo de que prácticamente no tiene diálogos), describe de una manera minuciosa y descarnada un día en la vida de un joven hachero que trabaja de forma solitaria y artesanal en un perdido bosque de La Pampa.
Lo que en principio aparece como una suerte de documental sobre las actividades (nada extraordinarias, pero a la larga fascinantes) del hachero Misael Saavedra es, en realidad, un riguroso y sofisticado entramado concebido por Alonso con la ayuda de su pequeño, pero talentoso equipo de colaboradores, encabezado por Cobi Migliora y Catriel Vildosola -los que ya habían demostrado su capacidad como director de fotografía y sonidista, respectivamente, en Mundo grúa-, que pone a prueba la capacidad de percepción del espectador y desafía permanentemente los límites entre realidad y ficción.
También es un acierto la machacante música electrónica de Juan Montecchia que acompaña los créditos iniciales. Además de generar un fuerte contraste con las imágenes también vincula el film con el presente, ya que este retrato de un hombre aislado de la civilización resultaba prácticamente atemporal.
No conviene adelantar demasiado la "trama" (léase viñetas cotidianas) planteada a partir de la respetuosa observación de un ser humano al que la vertiginosa agenda contemporánea suele descartar (desechar). Está construida como una sumatoria de detalles aparentemente insignificantes y de sonidos propios de una naturaleza en estado puro, que -como también ocurre en La ciénaga, de Lucrecia Martel- puede ser bella y fascinante, pero al mismo tiempo estremecedora y hostil.
La libertad es una de esas películas tocadas por la varita mágica: a partir de una idea sencilla filmada en un par de semanas y prácticamente sin presupuesto se convirtió en un trabajo que finalmente fue elegido para competir en la sección oficial Un Certain Régard del reciente Festival de Cannes, donde los siempre exigentes críticos franceses la relacionaron con el cine del iraní Abbas Kiarostami, del español Víctor Erice, del estadounidense John Ford, del francés Robert Bresson, del ruso Alexander Sokhurov y hasta con la poesía de Walt Whitman.
Puede ser que muchas de esas referencias y comparaciones resulten exageradas y hasta es muy probable que una parte del público se sienta defraudada por una propuesta de estas infrecuentes características, pero "La libertad" -un nombre que le cabe a la perfección, en más de un sentido- abre un nuevo camino en un cine joven nacional que, afortunadamente, no parece aceptar límites a la hora de la experimentación narrativa y visual. DIEGO BATLLE
(Esta crítica fue publicada originalmente el 28/6/2001 en el diario La Nación)
Los muertos
(Argentina-Francia-Holanda-Suiza/2004). Guión, edición y dirección: Lisandro Alonso. Con Argentino Vargas. Fotografía: Cobi Migliora. Sonido: Catriel Vildosola. Música: Flormaleva. Duración: 78 minutos.
Con su opera prima, La libertad, que registraba un día en la vida de un hachero pampeano, Lisandro Alonso se ganó la admiración de la crítica y de los festivales más prestigiosos, y la ira de mucha gente que se sintió irritada frente a la simpleza, a la austeridad de recursos y a la falta de narración convencional de su cine, ubicado en la difusa frontera entre la ficción y el documental.
Los muertos muestra a un Alonso más maduro, pero firme en sus convicciones, en su forma de ver y sentir el cine: su acercamiento puro, primitivo, sensorial a la humanidad de sus criaturas y al poder sugestivo de la naturaleza convierten a sus películas en apuestas casi extremas, ya que -si bien hay aquí un mayor desarrollo narrativo que en su primer largometraje- sigue evitando a los actores profesionales que componen un personaje, a la dramaturgia convencional o al imperio de los diálogos y de la clásica construcción plano-contraplano.
Tras un enigmático prólogo (un plano secuencia en el que el espectador va descubriendo una sucesión de cadáveres ensangrentados en medio de un geografía tropical), Alonso presenta a Argentino Vargas, hombre de 54 años que sale de una cárcel correntina tras cumplir una larga condena por haber asesinado a sus hermanos. Luego de comprar comida y algún regalo, de pasar por el cementerio y de contratar a una prostituta, nuestro rudo antihéroe se embarca en una canoa y remonta el río con la idea de llegar a la isla donde vive su hija.
Durante su odisea solitaria, Vargas va redescubriendo el sórdido y seco universo de la selva mesopotámica más profunda, mientras Alonso envuelve al espectador con un acercamiento visceral, físico y sensual a la naturaleza más profunda y salvaje que sólo es comparable con el cine de Lucrecia Martel (La ciénaga), de Terrence Malick (La delgada línea roja) o del mexicano Carlos Reygadas (Japón). Son admirables los trabajos de sus dos infaltables colaboradores: el fotógrafo Cobi Migliora y el sonidista Catriel Vildosola.
Queda claro que el cine contemplativo, minimalista y anticonvencional de Alonso está dirigido a espectadores curtidos en estas lides y capaces de poner todos sus sentidos al servicio de una obra de semejante radicalidad. Quienes busquen un ritmo trepidante, grandes revelaciones y diálogos altisonantes deberán buscar otros caminos que el que nos invita a recorrer ese talentoso y personalísimo realizador que es Lisandro Alonso. DIEGO BATLLE
(Esta crítica fue publicada originalmente el 11/9/2004 en el diario La Nación)
Sin título (Carta para Serra)
(España, Argentina/2011). Dirección: Lisandro Alonso. Duración: 23 minutos.
Los 23 nuevos minutos de cine de Lisandro Alonso son una de las mejores ofertas que tuvo el 14° BAFICI. Dividido en tres partes, siempre en el mismo campo arbolado, el corto sigue primero a lo que suponemos es un cazador, luego a un hombre (el ya mítico Misael Saavedra, de La libertad) buscando a un perro que no encuentra y cierra con Fabián Casas leyendo un texto que podría o no conectar las partes anteriores.
Con una cámara más movil (steadycam) que en sus films anteriores, Alonso sigue logrando subyugar por la manera en la que conquista y somete al espacio físico a la tridimensionalidad de su mirada. Sólo ver la cámara moviéndose entre los árboles hace recordar tanto a La libertad como al cine de Apichatpong Weerasethakul. Sucede algo mágico ahí, algo que te transporta, y no sé si soy capaz de explicarlo. Creo que él tampoco. DIEGO LERER
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