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Festival de Cannes 2025: crítica de “Sirât”, película de Óliver Laxe (Competencia Oficial)
Tras un comienzo muy prometedor, el nuevo film del director de Todos vós sodes capitáns (2010), Mimosas (2016) y Lo que arde (2019) cae en las redes de la crueldad y la tentación del sadismo.
Sirât (España, Francia/2025). Dirección: Oliver Laxe. Elenco: Sergi López, Jade Oukid, Bruno Núñez, Stefania Gadda, Joshua L. Henderson, Tonin Janvier y Richard Bellamy. Guion: Oliver Laxe y Santiago Fillol. Fotografía: Mauro Herce. Música: Kangding Ray. Edición: Cristóbal Fernández. Sonido: Laia Casanovas. Duración: 120 minutos. Estreno mundial en la Competencia Oficial.
Siempre me interesó y por momentos me fascinó el cine de Oliver Laxe y su selección para disputar por primera vez la Palma de Oro parecía la merecida consagración para un realizador que ha ido escalando peldaño a peldaño la cuesta de Cannes (Mimosas se estrenó en la Semana de la Crítica; Todos vós sodes capitáns, en la Quincena de Realizadores y Lo que arde, en Un Certain Regard). Sin embargo, Sirât -coproducida por los hermanos Agustín y Pedro Almodóvar- resultó una profunda decepción, sobre todo porque su primera mitad es realmente notable.
Sirât -cuyo título remite a un puente sobre el Infierno por el cual todas las personas deben cruzar en el Día de la Resurrección- comienza con una rave en pleno desierto marroquí. Los parlantes retumban al atardecer y decenas de personas bailan como en trance al ritmo de los beats y con las montañas de fondo. Es el potente inicio de un film con mucho de místico, pero también de alucinatorio, de lisérgico, con un trabajo de fotografía, edición y sonido prodigioso.
De golpe, aparecen en escena personajes que claramente no pertenecen a esa “tribu”: Luis (Sergi López) y su hijo Esteban (Bruno Núñez), acompañados por la perra Pipa. Ellos les muestran a todos la foto de Mar, la hija de Luis y hermana de Esteban, que ha desaparecido hace ya cinco meses y solía frecuentar esas fiestas electrónicas. La muchacha no está en ese evento, pero los protagonistas deciden seguir a un contingente que se dirige hacia el sur, más cerca de Mauritania. En medio de una zona cada vez más militarizada y con faltante de combustible (hay un creciente mercado negro), padre e hijo viajarán en un vehículo que no es propicio para surcar desiertos y caminos de montaña, mientras el resto lo hace en camiones todoterreno transformados en casas rodantes.
De a poco, esos dos extraños son incorporados a una suerte de familia de marginados, rebeldes y tullidos (a uno le falta un brazo, a otro una pierna) en una entrañable película de aventuras, una road movie con algo de Mad Max y Fitzcarraldo. Pero, promediando las dos horas de relato, las tragedias que se venían insinuando estallan y de la peor manera. No vamos a spoilear nada, pero de golpe Laxe se pasa al “bando” de los Lars Von Trier, los Michael Haneke y los Michel Franco con un nivel de crueldad y sadismo, una andanada de golpes bajos, de manipulaciones emocionales, de efectismos para los que no estábamos preparados y su filmografía nunca había transitado.
Que el mundo fue y será una porquería ya lo sabemos, que gente valiosa e inocente muere de la manera más injusta es algo incuestionable, pero Laxe nos somete en la parte final a una tortura cinematográfica con los recursos más arteros propios del shock value. Si ese es el precio a pagar para acceder a la Competencia Oficial de Cannes hay que decir que el costo ha sido altísimo.
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No la han entendido muchachos, la película es una alegoría perfecta y clarisima para vivir en carne propia lo que se siente en el camino de migración como los que están en el tren buscando un poco de alivio como todos cuando salimos del cine. Experiencia alucinante
No la he entendido. O no he entendido lo que nos quería contar el director. No le encuentro sentido. No hay una historia con cuerpo. Está vacía. Tendrá cosas buenas (la música, la fotografía...) pero no me ha sacado nada, ningún sentimiento. Ni siquiera pena por las desgracias que ocurren (no quiero espoilear). Vacía, insulsa, larga para contar tan poco...en fin. Hubiera preferido que nos representase en los Óscar sorda o romería, en este orden.
Una pelicula vacía. Concatenacion de imágenes y música expuestas para dar cuerda a un público se corte y pose intelectual. Es claramente un brochazo rojo sobre fondo blanco.
Es una pelicula con una historia muy mal contada bastante absurda, mucha crueldad y yo creo que trasmite la confusión existencial del Oliver Laxe.
Es sorprendente como en unas palabras alguien pisotea el trabajo de un artista. Hablamos de cine, cuentos, historias. Creo que no han entendido esta película. No sé. Para mi la pelicula del año, hipnotica, fantastica fotografia, los personajes se han quedado conmigo. Eso le pido al cine. Que me sorprenda. Como puede ser que personas que les gusta el cine tengan opiniones tan alejadas.
gracias por vuestras palabras. cada vez me siento más decepcionada con el cine, o diría en general con todo. estamos en una época en la que vale más el postureo, el relacionarse y el saber venderse que la capacidad creativa. qué os puedo contar, mientras salvatore garau sigue vendiendo más esculturas invisibles, tener labia y vender humo es el proceso más valorado. puro marketing. lo que más me sorprendio fue el respaldo de "el deseo" para este pésimo audiovisual, con alas de grandeza y pésima dirección. pero la verdad es que oliver axe es atractivo, comunica muy bien, y sabe varias lenguas. por lo que, me siento totalmente engañada. nos han vuelto a vender humo. es una lástima no haber utilizado todos esos recursos para hacer cine de verdad, desde el corazón.
Esta película es una estafa absoluta, no puede estar bien de la cabeza su director
Por fin una crítica sin el típico postureo. Un precioso envoltorio que contiene un aire nauseabundo y manipulador. Absolutamente innecesaria esta película. Parece beber también algo de centauros del desierto, pero sin llegarle a la suela de la bota de John Wayne. Personajes planos a más no poder. Nada es interesante en este film. Salvo que quieras ver lo que no hay.