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Berlinale 76

Festival de Berlín 2026: crítica de “Wax & Gold”, película de Ruth Beckermann (Special Presentation)

La realizadora austríaca de The Dreamed Ones (2016), The Waldheim Waltz (2018), Mutzenbacher (2022) y Favoriten (2024) viaja a Etiopía para, a partir de la historia del hotel Hilton de Addis Abeba y la figura del emperador Haile Selassie, analizar las contradicciones de la identidad africana.

Publicada el 16/02/2026

Wax & Gold (Austria, Italia/2026). Guion y dirección: Ruth Beckermann. Fotografía: Johannes Hammel. Edición: Dieter Pichler. Duración: 97 minutos. Estreno mundial en la sección Berlinale Special Presentation.

Wax & Gold abre con una cita de Pierre Bourdieu: informar sobre las cosas de manera diferente significa informar sobre cosas diferentes. La frase resuena en la concepción de lo documental, pues hace referencia a cómo mirar y a qué mirar, pero define también una suerte de marco para una película con un importante músculo teórico. Wax & Gold reflexiona sobre la historia y el presente de Etiopía a través de una postura ciertamente bourdieusiana, la de entrever los condicionantes en clave de posición de clase no de forma aislada, sino como parte de un sistema complejo de relaciones de poder, habitus y capitales.

Estas relaciones se elaboran eminentemente a través del análisis de un espacio, el hotel Hilton de Addis Abeba, construido a finales de la década de 1960 en el marco de un proyecto de modernización de la ciudad, cuyo lujo y cuyos huéspedes revelan las contradicciones culturales y socioeconómicas del lugar. Quien impulsó esa construcción fue el emperador Haile Selassie, quien reinó en el país africano desde 1930 hasta 1974. Selassie y el Hilton, encarnan las contradicciones del país, entre la construcción imparable y una identidad cultural que va desapareciendo.

El archivo se erige en fuente esencial de la película, pues permite recorrer la historia. Son imágenes en movimiento, como la escena de Selassie, en blanco y negro, bajando de un barco en su visita a Gran Bretaña, con un perrito chiquito corriendo a su lado; o la visita del emperador a Jamaica, donde fue recibido como una suerte de Dios. Las imágenes seguramente procedan de British Pathé, o de alguno de los distintos archivos a los que ha recurrido Beckermann, y que configuran una mirada a lo que supone la relación de las imágenes con la historia.

Hay también otras fuentes: en un momento de la película, se cita el ejemplo de Shaft en África, película que se rodó, entre otras localizaciones, en aquel Hilton de Addis Abeba, y que Beckermann señala como claro objeto de apropiación cultural. Hay algo interesante en las imágenes que observamos: la presencia de un león, motivo recurrente a lo largo de Wax & Gold, y que claramente define esa construcción identitaria a partir de un imaginario.

Hay una cierta materialidad del archivo, y sobre todo en relación con el archivo bibliográfico: Beckermann filma el libro de Rysard Kapuściński, El emperador, y a partir de aquí da vueltas en torno a un texto que, según dice, se construye sobre medias verdades, y que según explica Beckermann fue desconocido o poco leído en Etiopia.

Así, la película va llegando al meollo de la cuestión: el de las tensiones actuales en términos de identidad, establecidas a través de su historia, y ejemplificadas en proyectos arquitectónicos como el lujoso hotel Hilton. La arquitectura permite explorar la relación entre cultura e identidad nacional, y la tendencia de la cultura a estar completamente mediada por el negocio. Beckermann comenta en relación con el libro de Kapuściński que se aborda la historia haciendo referencia a la lucha de clases y dejando a un lado cuestiones de etnia y raza; como si una cosa no estuviera ligada con la otra. Es ahí que emerge de nuevo el discurso de Bourdieu, como lo hace también con las declaraciones de un arquitecto quien se refiere a la revolución no solo por las conquistas de clase en términos económicos, sino también por un capital simbólico que es el de la dignidad de los trabajadores.

Beckermann termina la película con un plano que propicia también un imaginario bien distinto: un largo movimiento de cámara por las calles de Addis Abeba, llenas de luces, de construcciones pomposas, que definen la artificiosidad de un proyecto urbanístico sostenido sobre el capital externo.

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