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Cine argentino en la Berlinale 76

Festival de Berlín 2026: crítica de “El tren fluvial”, película de Lorenzo Ferro y Lucas Vignale (competencia Perspectives)

-Luego del corto La pasión (2023), estos dos cineastas que aún no llegan a los 30 años debutaron en el largometraje con un film que puede verse como un doble homenaje al cine de Luis Ortega y sobre todo al de Leonardo Favio.
-Estreno mundial en la competencia oficial Perspectives reservada a óperas primas.
-Actualización I: El largometraje participó en abril de la Competencia Internacional del BAFICI 2026.
-Actualización II: El codirector Lucas A. Vignale falleció este domingo 14 de junio, a los 28 años, producto de un choque entre dos helicópteros ocurrido en Río de Janeiro, Brasil, en el que también murieron el popular youtuber argentino Gaspi (Gaspar Prim Díaz) y el famoso cantante estadounidense Oliver Tree, además de otras tres personas.

Publicada el 16/02/2026

El tren fluvial / The River Train (Argentina/2026). Guion y dirección: Lorenzo Ferro y Lucas A. Vignale. Elenco: Milo Barria, Rita Pauls, Mariano Barria, Lucrecia Pazos, Fabián Casas, Pehuen Pedre, Mailén Barría y Lucrecia Pazos. Fotografía: Thomas Gringberg. Edición: Andrés Medina y Lucas A. Vignale. Música: Oniria. Sonido: Martín García Blaya. Dirección de arte: Olivia Schachtel. Producción: Tomas Grandio, Valentine Torre y Casiana Vera. Duración: 75 minutos. Estreno mundial en la competencia Perspectives.

Que Leonardo Favio figure primero entre las decenas de agradecimientos que hay en los créditos finales es toda una admisión de que El tren fluvial se siente de alguna manera heredera de esa tradición. Ya en un momento de la película el protagonista y su familia están viendo en un viejo televisor a Carlos Monzón en Soñar, soñar (1976) y en otros pasajes se percibe cierto tono y elementos que van desde Crónica de un niño solo hasta la versión musical de Aniceto.

También hay en el vagabundeo del omnipresente niño, en la deriva de la historia, en el viaje interno y externo que aquí se describe, en los excéntricos personajes con los que se va topando, algo del universo de Luis Ortega, quien hizo debutar como actor a Lorenzo “Toto” Ferro, aquí coguionista y codirector, en el papel central de Carlos Eduardo Robledo Puch en la exitosa El Angel.

El tren fluvial ferro berlin 1200

El tercer vértice de inspiración para El tren fluvial tiene que ver con Viaje estival con Lucio, un poema escrito (y leído en off durante el film) por Francisco Madariaga (1927-2000) del que además se tomó el título (“Todo aquello quedaba atrás, y el sueño del viejo tren casi fluvial nos envolvía”).

Podríamos seguir enumerando las conexiones con, por ejemplo, El Jockey (en El tren fluvial actúa el escritor Fabián Casas, coguionista del más reciente film de Ortega), con Simón de la montaña (Pehuen Pedre, coprotagonista de la película de Federico Luis junto con Ferro, actúa también en este flamante largometraje); o con Malambo, el hombre bueno, de Santiago Loza, pero quizás este juego de citas, referencias, homenajes y reencuentros propios de una cofradía artística nos limite a la hora de pensar los propios valores y hallazgos de la película en cuestión.

El tren fluvial ferro berlin 4

Protagonizada por intérpretes que en su gran mayoría son no profesionales (Rita Pauls, sin tener una carrera demasiado extensa, es de las más experimentadas), El tren fluvial tiene algo de esa inocencia y calma pueblerina que contrastará con cierta sordidez propia de la vida urbana. El protagonista absoluto del film es Milo (Milo Barria), un chico de 9 años que vive presionado por su padre Mariano (Mariano Barria) para que se convierta en un eximio cultor del malambo. Pero nuestro pequeño héroe está harto de tanto rigor, de tanta práctica en busca de la excelencia y, como el Rulo de Monzón y el Chango de Gianfranco Pagliaro, sueña con triunfar en Buenos Aires, donde incluso se presentará en el casting para una obra de teatro que está por montar la maestra y directora interpretada por la mencionada Pauls. Así, no dudará en darles unos somníferos a sus padres y a su hermana Mailén (Mailén Barría) para huir rumbo a la gran ciudad en busca de esa experiencia de vida que tanto anhela.

Hay algo atemporal en la propuesta, como si las desventuras de Milo pudieran transcurrir en la actualidad pero también en algún momento incierto del pasado: los trenes que surcan la pampa, el trayecto desde General Madariaga y Tandil hasta las calles aledañas a la estación Lacroze, las elecciones musicales que van de los beats de Oniria a la nostalgia de Quiero vencer mi soledad, tema de Raúl Vásquez; la estética buscada y hasta su tempo narrativo intentan despegarse del cine argentino más canónico para buscar un lirismo que aparece con sensibilidad en varias de las escenas.

Inocente y pícaro a la vez, ingenuo por momentos pero también ingenioso y atrevido en otros, el Milo de Milo Barria (que los personajes de la familia protagónica mantengan los nombres reales de los no actores que les dan vida es también una declaración de principios) nos lleva del campo a la ciudad inhóspita, de la convivencia en familia a la soledad, del exagerado control paterno a valerse por uno mismo. A Leonardo Favio, muy probablemente (casi seguramente), le habrían gustado ese viaje iniciático y ese retazo de vida.

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