Críticas
Estreno en cines
Crítica de “La invitación” (“The Invite”), película dirigida y protagonizada por Olivia Wilde con Seth Rogen, Penélope Cruz y Edward Norton
La remake de Sentimental (2020), film del catalán Cesc Gay que a su vez estaba basado en su obra teatral Los vecinos de arriba (2015), resulta ampliamente superior al largometraje original.
La invitación (The Invite, Estados Unidos/2026). Dirección: Olivia Wilde. Elenco: Seth Rogen, Olivia Wilde, Penélope Cruz y Edward Norton. Guion: Will McCormack y Rashida Jones. Fotografía: Adam Newport-Berra. Edición: Yorgos Mavropsaridis. Música: Devonté Hynes. Distribuidora: Diamond Films. Duración: 107 minutos. Salas (primera semana, del 6 al 12/8): 72.
Curioso caso el de Olivia Wilde. Reconocida actriz, debutó en la realización con la notable La noche de las nerds / Booksmart (2019), pero luego decepcionó con No te preocupes cariño / Don't Worry Darling (2022). La idea de dirigir y protagonizar la remake de Sentimental, un film español bastante menor protagonizado por Javier Cámara, Griselda Siciliani, Belén Cuesta y Alberto San Juan, no parecía en principio la mejor forma de recuperarse de este último traspié, pero -vaya sorpresa (milagro)- La invitación no solo es muy superior en todos los terrenos a la película original sino que resulta una comedia dramática divertida, sensible y provocadora a la vez.
No había visto Sentimental en el momento de su estreno (tampoco la exitosa obra teatral que en Argentina montó Alejandro Daulte con Diego Peretti, Florencia Peña / Muriel Santa Ana, Rafael Ferro y Julieta Vallina), pero -aunque reniego de caer en el juego de las diferencias- recuperé ahora el largometraje de Gay como para tener una idea de qué quedó y sobre todo qué agregaron los guionistas Will McCormack y Rashida Jones. Además de que, como ya fue dicho, la versión estadounidense me resultó mucho más convincente, más fluida, más inteligente y audaz, mejor actuada y filmada, menos cínica, más graciosa y mordaz, también es más ambiciosa (Sentimental dura 82 minutos; La invitación, 107) con escenas más largas, más capas (hay incluso más gags físicos), más desparpajo y mayor profundidad psicológica.
Sin poder eliminar del todo el lastre teatral (no deja de ser en esencia un vodevil con cuatro personajes en un único decorado construido en un estudio) y siendo un film que probablemente no le interese demasiado a los más jóvenes (es un retrato sobre la crisis de pareja de mediana edad), La invitación, que le debe bastante al mejor cine de Woody Allen, es mucho más inquietante de lo que en principio parece. Tiene sus momentos simpáticos y entrañables, pero en definitiva su mirada no es nada complaciente respecto de la institución del matrimonio, el conformismo, la rutina y las convenciones de la vida burguesa.
Joe y Angela (Seth Rogen y la propia Olivia Wilde) están casados desde hace demasiado tiempo, viven en un amplio departamento de San Francisco heredado de los padres de él, tienen una hija de 12 años y han perdido toda la chispa que alguna vez tuvieron para sumergirse en un mar de miserias y resentimientos. El fue alguna un músico promisorio y ahora da a puro desgano clases para formar orquestas escolares; ella, mientras tanto, se ocupa de los quehaceres hogareños de forma obsesiva y controladora.
Cuando Joe regresa a la casa con sus habituales dolores de espalda se entera de que Angela ha invitado para una picada a sus más jóvenes vecinos de arriba: Piña (Penélope Cruza), una terapeuta y sexóloga; y Hawk (Edward Norton), un ex bombero ya retirado. Los visitantes no tardarán en confesarles que suelen practicar fiestas sexuales grupales y se animan a hacerles propuestas que los sacan de su zona de confort, sus represiones y aumentan sus fantasías y deseos largamente postergados. No conviene anticipar nada más, pero el material, que va de lo lúdico a lo desgarrador, es lo suficientemente rico como para que el cuarteto de intérpretes despliegue su multifacético arsenal expresivo. Lo dicho: La invitación no será una obra maestra, pero es mucho mejor de lo que uno podía esperar. Hay talento, sensibilidad y la sensación (la certeza) de que Olivia Wilde ha recuperado el rumbo detrás de cámara.
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No estoy de acuerdo con la apreciación sobre "No te preocupes cariño"; a mi me encantó la película ! Me pareció muy creativa desde lo cinematográfico, no era fácil darle credibilidad y convicción a la historia que se narra, sin embargo tanto la directora como los intérpretes lo lograron de manera absoluta ! Y no fui el único, aquí funcionó muy bien la película, tuvo buena taquilla.