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¿Por qué Paramount le ganó el duelo a Netflix y se queda con Warner?
Netflix anunció que se baja de la disputa por Warner y el camino queda allanado para que el comprador sea Paramount, aunque todavía falta conseguir el aval de los organismos antimonopolio.
Las claves del retiro de Netflix
La decisión de Netflix de no mejorar su oferta por Warner Bros. Discovery marcó un punto de inflexión en una de las operaciones corporativas más relevantes de los últimos años en la industria audiovisual. Con ese movimiento, la compañía fundada por Reed Hastings dejó el camino despejado para que Paramount, junto a su socio financiero Skydance, se consolide como el comprador de WBD.
Más allá del desenlace puntual, el episodio expone tensiones estratégicas profundas: el límite de crecimiento por adquisición para Netflix, el reposicionamiento de los estudios históricos y la aceleración de una nueva fase de consolidación en Hollywood.
Una “propuesta superior” que cambió el juego
El directorio de Warner Bros. Discovery determinó que la oferta revisada de Paramount–Skydance constituía una “Company Superior Proposal”, una figura contractual que no sólo evalúa el precio por acción (USD 31 en efectivo), sino también la estructura financiera, la certidumbre de cierre y la cobertura de riesgos regulatorios.
La propuesta incluía elementos clave que inclinaron la balanza: Paramount se compromete a absorber la penalidad por la ruptura del acuerdo previo con Netflix (2.800 millones de dólares), incorpora tarifas compensatorias si la operación se demora y ofrece garantías adicionales ante eventuales trabas de los entes antimonopolio (7.000 millones de dólares si se cae el acuerdo). En comparación, la oferta de Netflix —aunque cuantiosa— resultaba menos flexible frente a un escenario regulatorio incierto (rondaba los 82.000 / 83.000 millones de dólares en conjunto, incluyendo deuda).
Netflix: disciplina financiera antes que imperio
Notificada formalmente de que existía una oferta superior, Netflix tenía un plazo de cuatro días para igualar o mejorar los términos. Eligió no hacerlo. En su comunicado, firmado por Ted Sarandos y Greg Peters, la empresa sostuvo que el acuerdo original tenía sentido estratégico y un “camino claro” de aprobación, pero que el nuevo precio exigido dejaba de ser atractivo para sus accionistas.
El mensaje es consistente con el Netflix actual: una compañía madura, enfocada en la rentabilidad, la recompra de acciones y el crecimiento orgánico, que ya no está dispuesta a pagar cualquier precio por aumentar su oferta o ganar prestigio. En ese sentido, retirarse de la puja puede leerse menos como una derrota y más como una señal de autocontención estratégica.
Zaslav y el gesto político hacia Netflix
Desde Warner Bros. Discovery, el CEO David Zaslav adoptó un tono cuidadosamente diplomático. Agradeció a Netflix por haber sido un socio serio durante el proceso y le deseó “lo mejor”, mientras dejaba en claro que la compañía espera ahora comenzar a trabajar con Paramount.
El gesto no es menor: en una industria cada vez más concentrada, preservar relaciones futuras es casi tan importante como cerrar una operación. Netflix queda fuera de esta compra, pero no del ecosistema de licencias, coproducciones y acuerdos cruzados que seguirán definiendo el negocio.
Qué está en juego para la industria
Si la operación se concreta, Paramount pasaría a controlar un portafolio que incluye Warner Bros. Pictures, HBO, CNN y DC, configurando un conglomerado con escala suficiente como para competir globalmente en streaming y contenidos premium. Para Hollywood, sería una nueva confirmación de que la era de los estudios medianos e independientes de los grandes grupos ha terminado.
Para Netflix, en cambio, el episodio refuerza su perfil singular: el único gran jugador del streaming sin un estudio histórico detrás, pero también el único que parece dispuesto a poner un techo a la lógica de fusiones gigantescas.
Un síntoma de época
La puja por Warner Bros. Discovery no fue sólo una negociación entre empresas, sino un síntoma del momento que atraviesa la industria audiovisual: crecimiento más lento, reguladores más atentos, accionistas menos tolerantes al riesgo y una competencia que ya no se mide sólo en cantidad de suscriptores, sino en sostenibilidad a largo plazo.
En ese escenario, la retirada de Netflix y el avance de Paramount no cierran una historia: abren una nueva etapa en la reconfiguración del poder en el entretenimiento global.
Beneficio para el negocio de las salas
El acuerdo con Paramount resulta mucho más favorable para los dueños de salas que una eventual compra de Warner Bros. Discovery por parte de Netflix, y explica por qué los exhibidores tradicionales presionaron (abiertamente y por lo bajo) contra ese escenario. Los beneficios clave son:
1) Defensa de la ventana. Paramount es, ante todo, un estudio cinematográfico clásico. Su negocio depende de estrenos en salas con ventanas de exclusividad (45 días o más) antes del streaming. Netflix, en cambio, privilegia estrenos simultáneos o ventanas mínimas. Para los cines, eso habría significado menos títulos “evento” y menor previsibilidad de ingresos.
2) Más títulos pensados para salas. Con Paramount al mando, Warner seguiría produciendo y lanzando películas concebidas para la experiencia teatral (blockbusters, cine adulto de prestigio, animación familiar). Los exhibidores temían que, bajo Netflix, gran parte del slate de Warner se reorientara al streaming, reduciendo volumen y atractivo en cartelera.
3) Mejor economía para el exhibidor. Los estudios tradicionales negocian: porcentajes escalonados, campañas de marketing centradas en taquilla, recorridos largos si la película funciona. Netflix históricamente no optimiza sus estrenos para la recaudación, sino para el impacto en la plataforma. Paramount, en cambio, necesita que las películas recauden.
4) Menos riesgo de integración vertical extrema. Si Netflix controlaba Warner, el temor era una integración total: estudio + plataforma + decisiones de estreno cerradas, con las salas como actor secundario. Paramount, aun con streaming, sigue dependiendo estructuralmente de los cines. Eso equilibra la relación.
5) Sintonía histórica con los exhibidores. Organizaciones como la National Association of Theatre Owners (NATO) han mantenido históricamente una relación de negociación —conflictiva pero estable— con estudios como Paramount y Warner. Con Netflix, esa interlocución es débil: no necesita a las salas para sostener su modelo.
6) Señal política para toda la industria. Para los dueños de salas, este acuerdo envía un mensaje claro: los grandes estudios todavía consideran al cine una pieza central del ecosistema, no un simple apéndice del streaming. Eso ayuda a sostener inversiones en complejos, justificar aperturas y remodelaciones, mantener el cine como primer eslabón de la cadena de valor.
(Este texto fue publicado previamente en la newsletter semanal para suscriptores y suscriptoras)
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