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Festival de Locarno 2026: Crítica de “Los días libres”, película de Lucila Mariani (Cineasti del Presente)
Tras varios premiados cortos como Wekwaind (2018), Resonancias (2019), Luna que se quiebra sobre la tiniebla de mi soledad (2022) y Quisiera no sentir todo este ruido (2025), la argentina Lucila Mariani debuta en el largometaje con un coming of age que sorprende con una vuelta de tuerca fantástica.
Los días libres / The Days Off (Argentina, Brasil, México, Francia/2026). Guion y dirección: Lucila Mariani. Elenco: Antonia Robolini, Laura Paredes, Luiza Quinteiro, Guillermo Berthold y Amanda Minujín. Fotografía: Victoria Pereda. Edición: Maximiliano Passarelli. Sonido: Gaspar Schauer. Música: Punto y Pacífico. Producción: Paula Zyngierman. Coproducción: Tathiani Sacilotto, António Ferreira, Jessica Luz, Andrea Toca, Mario Savino, Rafael Ley, Camila Misas, Alvaro Martinez, Sebastián Torres Greene, Paola Wink y Leandro Listorti. Duración: 84 minutos. Estreno mundial en la competencia Cineasti del Presente.
Lo más inquietante y fascinante de Los días libres es que se niega a ser definida, caracterizada a partir de una propuesta laberíntica, una deriva constante, por un permanente espíritu mutante. Es (o sería) en principio una película “de iniciación” (pre)adolescente contemporánea, pero al mismo tiempo es una historia retro-futurista, un film fantástico y un tratado sobre el malestar existencial.
Begonia Moretti (Antonia Robolini), Bego para todo el mundo, es una chica de 12 años que no se lleva demasiado bien con el mundo real. Ni con su papá Gonzalo (Guillermo Berthold), bastante ausente; ni con su madre Romina (Laura Paredes), una traductora que parece más preocupada por cómo va a desvincularse de la empresa en la que trabaja. Pero Bego tampoco empatiza con las chicas de su edad (hay un aire de bullying que sobrevuela todas las relaciones) y, en medio de “los días libres” de las vacaciones veraniegas, su refugio es virtual, ya que participa en una sala de chat que parece propia de los orígenes de Internet.
En ese ámbito se conecta con (y se obsesiona por) REN__ (Luiza Quinteiro), una piba brasileña que la introduce en el universo del shifting, una forma de acceder a realidades paralelas. La propuesta pasa por llegar a un estado hipnagógico justo antes de dormirse, una sensación casi alucinógena entre el sueño y la vigilia, visualizar un camino deseado y saltar a otro universo a partir de afirmaciones positivas. Para completar (y potenciar y amplificar) el panorama, se viene un inminente eclipse solar que podría funcionar como un muy poderoso portal energético.
Lo que en principio podría haber sido una típica ópera prima con un clásico coming of age feminino se convierte en manos de Mariani en un film laberíntico, desconcertante, sutil y espeso a la vez, con múltiples capas y niveles de lectura. Por un lado, claro, es un largometraje sobre lo difícil que es crecer y madurar según las reglas adultas, una reivindicación de la fantasía adolescente, de los refugios que buscan y a su manera encuentran aquellos “inadaptados”, pero también es un film sobre dimensiones espirituales y realidades alteradas. Una película que shiftea y desafía expectativas como lo hace su protagonista. Una extraña, misteriosa y bienvenida rareza del cine argentino.
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