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63 FICX
Festival de Gijón 2025: Crítica de “Blue Heron”, película de Sophy Romvari
Estrenado en la competencia Cineasti del Presente de Locarno (donde ganó, entre otros, el premio a Mejor Opera Prima de todo el festival suizo) y galardonado también en otras muestras como Toronto, Montreal y Ghent, el primer largometraje de la canadiense Sophy Romvari, que propone una intensa historia de corte autobiográfico, se convirtió en uno de los debuts más aclamados del año. El FICX la invitó como integrante del jurado principal y programó un foco que incluye no solo este film sino también sus cortos previos.
Blue Heron (Canadá, Hungría/2025). Guion y dirección: Sophy Romvari. Elenco: Eylul Guven, Iringó Réti, Ádám Tompa, Edik Beddoes, Amy Zimmer, Liam Serg y Preston Drabble. Fotografía: Maya Bankovic. Edición: Kurt Walker. Duración: 90 minutos (Sección: Foco Romvari).
Hay decenas, cientos de cineastas que se basan en hechos relacionados con sus propias familias para su debut en el documental o en la ficción, pero muy pocos consiguen algo tan libre y distintivo, tan sensible y conmovedor como Sophy Romvari.
Blue Heron está ambientada a finales de la década de 1990 (luego se permitirá jugar con los tiempos y apelar a sorprendentes anacronismos) y narra -quedó dicho- la historia de su familia de origen húngaro radicada en Canadá. En el inicio del film vemos a una madre (Iringó Réti), un padre (Adam Tompa) y cuatro niños mudándose por enésima vez, en esta oportunidad a una casa en la isla de Vancouver.
El por qué de esos constante movimientos se entenderá instantes después: Jeremy (Edik Beddoes), el mayor de todos (hijo de un matrimonio anterior de la madre), es un incontenible adolescente con gravísimos desórdenes de personalidad, constantes arranques de violencia y tendencias suicidas que generan un caos, una tensión y una angustia constante en el seno de una familia que, apreciando la dinámica entre el resto de sus integrantes, parece bastante normal.
La película está narrada sobre todo desde el punto de vista Sasha (Eylul Guven), una encantadora niña de 8 años que es el alter ego infantil de la propia directora. Desde su mirada inocente pero también atenta al complicado entorno que le impide, por ejemplo, invitar a sus amigas de escuela para que no sufran las agresiones de Jeremy, se va narrando un film que encuentra unos milagrosos tonos que le permiten ser visceral y emotivo, moderno y sofisticado a la vez.
Romvari no solo se muestra dúctil y segura para proponer una narración que escapa de la linealidad y resulta incluso bastante audaz y experimental en su forma sino también para dirigir a un grupo de intérpretes que en muchos casos debutaba -como ella- en el largometraje. El resultado es más que convincente, por momentos incluso fascinante. Estamos, por lo tanto, en presencia de una joven directora con vuelo y estilo propio que tiene todo para que sigamos analizando de cerca su cine en las próximas décadas.
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