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Cine argentino
Crítica de “La Luna representa mi corazón”, de Juan Martín Hsu (Competencia Internacional) - #VdR2021
-Tras varios cortos como Ropa sucia o Diamante Mandarín y del largometraje La Salada (2014), este director porteño pero de origen taiwanés viajó a Taipei para reencontrarse con su madre y el resto de su familia en un intento por reconstruir una historia signada por la tragedia y el dolor. El resultado es un documental (con algunas escenas de ficción) emotivo y fascinante que escapa de la tentación de la manipulación para ofrecer, en definitiva, un retrato crudo y sincero sobre dos mundos antagónicos que encuentran una efímera pero necesaria conexión.
-La película participa de la sección principal de la 52ª edición de la muestra con sede en Nyon, Suiza.
La Luna representa mi corazón (Argentina-Taiwan/2021). Guion y dirección: Juan Martín Hsu. Fotografía: Juan Martín Hsu y Tebbe Schöningh (escenas de ficción). Edición: Ana Remón y José Goyeneche. Sonido: Nicolás Torchinsky. Duración: 100 minutos.
Luego de la promisoria La Salada (2014) y de Diamante Mandarín (incluido en Historias Breves 10), le habíamos perdido el rastro a Juan Martín Hsu. Su regreso es con un film que -en tiempos de “fatiga de películas familiares”- encuentra múltiples facetas, matices y alcances como para trascender los límites de las home movies personales.
Construida a partir de dos viajes (el primero en 2012 y el segundo en 2019), La Luna representa mi corazón muestra el reencuentro del propio director y su hermano con su madre, a la que no veían desde hacía muchos años. Es que ella había decidido abandonar Buenos Aires tras el asesinato de quien fuera durante ocho años su marido (y padre de los entonces niños) a manos de la mafia china. Tras su regreso definitivo a Taiwan, la madre -que por entonces tenía 36 años- quedó con un resentimiento profundo hacia la Argentina y en especial hacia ese hombre que después había tenido “otra mujer” (es muy gracioso y al mismo tiempo desgarrador cuando Hsu descubre que ella lo ha cortado de todas las fotos familiares). Ciertas cuestiones no demasiado claras con el dinero también parecen haber incidido en esa trunca y fallida relación.
El director intenta reconstruir de a poco la trágica hisoria de su padre (quien manejó durante siete años un restaurante sobre la calle Paraguay y otro sobre la avenida Corrientes durante un año más), pero los secretos, versiones contradictorias y dolores hacen muy difícil la tarea. Lo que sí se va profundizado es la relación entre Hsu, esa hoy anciana y una catarata de primos, sobrinos, tíos y hasta abuelos. Más allá de la distancia y de las muy diferentes idiosincracias, el realizador va exponiendo la historia (impactantes las anécdotas en tiempos de Chiang Kai-shek) y la dinámica de ese nuevo universo familiar en el que la música y el karaoke adquieren una importancia decisiva.
En ese sentido, más allá de la interpretación casera de The Moon Represents My Heart, el tema que hiciera famoso Teresa Teng y que da título al largometrajes, hay muy lindas versiones en mandarín de El amor después del amor, de Fito Páez; Té para tres, de Gustavo Cerati; Seguir viviendo sin tu amor, de Luis Alberto Spinetta; y Hablando a tu corazón, de Charly García. Una bella forma de unir a través de la música dos mundos opuestos en un film que es, también, un ejercicio de catarsis, de exorcismo, de redención y de reconciliación.
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