Críticas
Estreno en cines
Crítica de “El padre del año” (“Goodrich”), película de Hallie Meyers-Shyer con Michael Keaton
Tras Mi nueva yo / Home Again (2017), la hija de Nancy Meyers y Charles Shyer construye en su segundo largometraje como directora una eficaz tragicomedia familiar sobre la redención y las segundas oportunidades.
El padre del año (Goodrich, Estados Unidos/2024). Dirección y guion: Hallie Meyers-Shyer. Elenco: Michael Keaton, Danny Deferrari, Poorna Jagannathan, Kimberly Condict, Vivien Lyra Blair, Jacob Kopera, Noa Fisher y Jessica Heller. Música: Christopher Willis. Fotografía: Jamie Ramsay. Distribuidora: Diamond Films. Duración: 111 minutos. Salas (primera semana): 37.
Michael Keaton encarna a un galerista de arte llamado Andy Goodrich, quien de la noche a la mañana debe hacerse cargo de sus hijos gemelos de 9 años mientras su esposa está internada en una clínica de rehabilitación por su adicción a las pastillas médicas, un consumo problemático que desconocía. Tampoco parece conocer la rutina de los chicos, a quienes en principio les oculta qué ha ocurrido con su madre, ni los pormenores de la vida de su hija varias décadas mayor (Mila Kunis), fruto de un matrimonio anterior y quien está transitando las últimas semanas de su embarazo.
Lo que arranca como una comedia de enredos paternales sobre un hombre maduro enfrentando los códigos de una generación que le resulta ajena, se transforma lentamente en un retrato de la adultez tardía y la reinvención personal, ya que Andy, al que Keaton le otorga una humanidad frágil, intentará ser un buen tipo en un mundo donde no siempre hay lugar para la bondad. Ver si no lo que ocurre con la heredera de una artista que duda si legarle la obra a Andy o ir a una galería de mayor renombre.
La realizadora Hallie Meyers-Shyer heredó el gusto estético y lumínico de su madre, Nancy Meyers, responsable de películas como Lo que ellas quieren (2000), Alguien tiene que ceder (2003), El descanso (2006) y Enamorándome de mi ex (2011). Con sus cocinas impecables, los tonos crema y la elegante música de piano, da la sensación de que la caótica vida de Andy se limita al orden doméstico y que nada puede salir del todo mal. Como efectivamente ocurrirá, porque a todas luces se ven las huellas del camino de redención (consigo mismo y, muy especialmente, con su hija mayor) que irá recorreriendo.
El guion, escrito por la propia Meyers-Shyer, se mueve entre la comedia generacional y el drama de crecimiento, siempre con paso seguro, sin arriesgar demasiado. Las escenas familiares funcionan como espacios de reparación en los que la directora confía más en el poder de la empatía que en el conflicto. Es, pues, un cine eficaz, hecho con pizcas justas y juntas de drama y de comedia, y un aire un tanto demodé diseñado para gustar, para caer bien, para recordar que las segundas oportunidades existen si se las merece.
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